¡Qué suerte ser así!

¡Qué suerte pensar que eres el heredero de una especie de tierra prometida!

Poder pensar que tienes lo que te mereces, que un hogar seguro no es un privilegio sino tu derecho por nacimiento…

… que los problemas del mundo no te tocan, no te rozan, porque tú, cómodo en tu poltrona, te mereces estar ahí.

Y son los demás, los otros, los que tienen que vivir con menos de un euro al día, o menos de dos, los que tienen el problema. Pero que te dejen en paz a tí, hombre, que tú no tienes la culpa de nada…

¡Qué suerte no ver los problemas del mundo hasta que no llaman a tu puerta!

Y cuando llaman enfadarte con los que no se resignan a morir en donde les toca, qué personas tan molestas.

Qué avaros, qué mezquinos, venir aquí con los problemas que tenemos, con la que está cayendo… Quieren las migajas de nuestro grande y jugoso trozo de pastel… Bueno vale, igual ya no es trozo de pastel, que en los últimos años tenemos solamente una magdalena. Pero, ¿qué se han creído, caray, venir huyendo de una guerra atroz en que lo han perdido todo y pretender que les pongamos de gratis un techo, algo de comida y una cobertura básica hasta que puedan levantar un poco cabeza? ¡Con lo que eso cuesta! Es mejor seguir como hasta ahora y gastarse ese dinero en mordidas y mamandurrias varias: cada palo que aguante con su vela.

¡Qué suerte pensar que son los otros los que tienen que hacer algo!

Porque tú lo tienes tan claro, que no es problema tuyo, que la injusticia social a nivel mundial no la has inventado tú (solamente vas montado en ella). Y eso ayuda a que te laves las manos, no puedes hacer nada al respecto…

Es más, es el que lo ve como un problema global el que “tiene que abrir sus puertas a esos millones y millones de refugiados” (o “mientras no tengas tú uno en casa, no puedes hablar”: dando merecida cuenta de tu ignorancia sobre el problema, ya que en España al menos no hacemos ni la mitad de lo que podríamos hacer y estas personas necesitan una infraestructura determinada y un apoyo profesional cuando viene…).

Datos

Reproducida de The Economist

Lo mejor de todo es que después de estas conversaciones, la que se queda pensando como una gilip… si podría hacer más de lo que hago suelo ser yo, porque tú, tú tienes la suerte de tenerlo clarísimo: la ignorancia y la estupidez son alguna de las bases de una felicidad duradera.

¡Qué suerte que tu mayor preocupación sea que la prensa no emita imágenes que “alteren tu paz espiritual”!

Y que no cierres los ojos y veas en el rostro de ese niño tendido en la arena el rostro de los tuyos propios…

… sabiendo el tipo de situación desesperada que te llevaría a jugar su vida a la ruleta rusa y agradeciendo por dentro una y mil veces que de momento te salvas.

¡Qué suerte pensar que nunca, nunca, te va a tocar a tí!

Y sí, soy una “buenista” que he vuelto a quitar la palabra de la boca a “los míos” para dárselo a quien creo que lo necesita más en este momento. En Octubre os prometo que sale el post sobre conciliación que tengo preparado, pero hoy no me podía quedar callada… No, no creo tener la verdad absoluta, ni tengo la solución a todos los problemas. Pero al menos tengo la decencia de reconocer que esto es una olla a presión y que no podemos esperar a que pete y nos abrasemos para plantearnoslo…

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