Menosválidas

Ha llegado el momento de confesaros que sufro de “menosvalía”. Sí, sí, no me he equivocado al escribir la palabra. Y es una condición en la que probablemente me acompañan muchas de las personas que leen estas líneas aunque todavía no lo sospechen.

Yo la verdad es que me olvido muy a menudo de esa “menosvalía”. Porque padecer que te consideren “menosválido” realmente no te impide hacer cosa ninguna, ni te coarta en lo personal para vivir una vida plena. Pero resulta que hay meses que se empeñan en sacarla a pasear por todas partes: una mujer que dice que como empresaria ella preferiría contratar a hombres porque las mujeres se piden bajas laborales para tener hijos; un gestor del ayuntamiento (y para colmo que tiene un cargo de relevancia en el consejo de la familia de su partido político) que releva de su puesto a una persona de confianza y pone como excusa que esa persona (que trabaja a jornada completa) no se va a quedar calentando la silla por las tardes porque es madre de familia; el anuncio en el periódico que pone textualmente que “las mujeres, los minusválidos y otras minorías pueden optar a esta plaza“ (lo de llamar “minoría” a casi un 50% de la población mundial manda muchas narices); esa amiga mía que después de pedir durante algunos años una beca de investigación y no conseguirla (según su jefe porque no preparaba suficientemente bien los documentos) resulta que tiene que escuchar de ese mismo jefe cuando se la dan que “es obvio que en esa ocasión tenían que cubrir un cupo de plazas femeninas (como dice mi amiga, “si pierdo soy yo, si gano es que me ayudan… no tengo manera de triunfar de verdad”)… La “menosvalía” se da en todas las capas sociales, en todos los estamentos y está mucho más extendida de lo que se cree.

Como decía al principio, estoy segura de que muchas de las personas que me leen, acaban de darse cuenta de que son tan “menosválidas” como yo. Y no os penséis que éste es un alegato feminista solamente. Aquellas personas que realmente sufren alguna minusvalía de algún tipo (sé que algunos de ellos prefieren clasificarse como gente especial y de alguno que directamente se ha puesto el mote de retrón… a todos ellos mi mayor respeto, porque torear en la plaza que torean, sí que es ser valientes) también sufren del mismo problema. Y las famosas minorías también (lo sé porque yo soy extranjera en mi aldea y hay personas que según abro la boca y me escuchan hablar con acento, ya dan por hecho que soy idiota o que trabajo usando mi cuerpo en lugar de mi cerebro). Y lo malo que tiene la “menosvalía” es eso, que existe solamente en los ojos, en los oídos y en los pensamientos de las personas que juzgan al menosválido, no es una barrera real, por eso es tan difícil acabar con ella.

 

Supongo que hay gente que en lugar de llamarlo “menosvalía” preferiría llamarlo prejuicio, pero esa me parece una palabra demasiado elegante para describir un tema que apesta y lleva tiempo apestando, porque se pueden hacer declaraciones semejantes a las que he escrito, sin que haya más reacciones que un cabreo general por parte de las partes afectadas. Yo me he decidido a vivir mi vida con esta tara, concentrándome en aquellas personas que realmente son capaces de ver la valía que se esconde bajo los estereotipos.

Y otra vez como si nos despertásemos con la misma radio, ocurre que MR le está dando vueltas al mismo tema que yo… Os recomiendo el vídeo de las princesitas malhabladas que pone ella en su página (yo sabéis que prefiero no soltar tacos) y que nos recuerda que lo peor de todas las menosvalías es que se manifiestan desgraciadamente en consecuencias reales para el considerado “menosválido”…

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La semana de mama: No se la ha visto el pelo desde que se fue el lunes…

SB: No podemos dar más detalles…

SG: Dijo que volvería el miércoles por la tarde y cenaríamos todos juntos, pero nos llamó por teléfono diciendo algo de una huelga de tren y acordándose de la madre de todos los maquinistas de locomotoras…

SB: Y que iba a venir con unos colegas en coche…

SG:… pero hasta hoy no la hemos visto el pelo. Dice que ha dormido en casa, pero esta mañana se fue también temprano…

SB: Papá dice que no exageremos, que no es como para llamar a Paco Lobatón…

SG: Que por cierto, nosotros no sabemos quién es…

SB: ¿A lo mejor es uno de los colegas que le conducen el coche…?

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Esta semana, tomar el tren no me ha llevado a ningún lado…

 

 

SG: Bueno, casi mejor que no haya vuelto, porque seguimos rodeados de lo que ella llama champiñones y no creo que esté de muy buen humor…

SB: Espera, espera un poco… parece que ha dado señales de vida en Facebook…

SG: Sí, mira, al menos tenemos algo nuevo que contarles a los que leen este blog: a partir de ahora somos una comunidad, para lo bueno, para lo malo y siempre y cuando las vacaciones y las auditorías nos lo permitan

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La semana de mama: Los novenos pasajeros

SB: Mamá nos ha pedido que empecemos desmintiendo que nadie nos haya raptado y vendido como esclavos mientras estábamos de vacaciones en Malta…

SG: Aquí seguimos… Y si no hemos escrito nada es porque nos lo hemos pasado genial… Yo de mayor quiero trabajar estando de vacaciones siempre.

SB: ¿Tú crees que de verdad existe un trabajo así?

SG: Claro hombre, mira ese amigo que tiene mamá en Facebook, que se pasa la vida viajando, Paco Nadal... qué crees que habrá que estudiar para eso?

SB: No sé, a lo mejor hay que entrar de aprendices, como aquí en las tiendas…

SG: Bueno, recuérdame que le preguntemos a mamá luego si le puede preguntar si nos tomaría de aprendices… como en seis o siete años, creo yo que ya somos suficientemente mayores.

SB: Por cierto, hablando de preguntar…¿tú sabes qué significa eso de “desmentir”?

SG: No sé, supongo que pensará que hemos vuelto a encerrarnos en el lavabo para usar su colonia y le hemos mentido, pero bueno, nosotros ya hemos dicho lo que teníamos que decir y basta.

SB: Yo juro que no he vuelto a ponerme la colonia si hace falta, pobre mami, noviembre no está siendo su mes…

SG: Bueno, de lo del dolor de tripa está mejor y de lo otro, parece que se está tranquilizando…

SB: Bueno, cuando trajimos a Merkel a casa le pareció muy “cool”… Nunca pensé que fuera a ponerse de esa manera por unos bichitos…

SG: Mamá te ha dicho que no vayas diciendo por ahí que tenemos una lombriz de tierra que se llama “Merkel”, que nos van a terminar quemando en la plaza del mercado por herejes… Y es que son piojos, hombre, y es la primera vez que le sacamos a ella uno del pelo…

SB: La cara que puso…

SG: Sí, y luego se encerró en la cocina durante horas, diciendo que sólo quería que se le pasara el asquito…

SB: Decía algo así cómo que

Sigourney Weaver al menos tenía algo conque dispararle a los bichos asquerosos…

SG: ¿Conoces tú a la tal Weaver?

SB: No, pero suena a nombre inglés… será alguna de las amigas de la tesis de mamá, alguna que tendría bichitos en el laboratorio…

SG: Y luego se curó el asco a base de comer Doritos… La ventaja de cuando le dan estas neuras es que mientras zampa, también le da por hornear. Dos bandejas de magdalenas, dos de galletas, pan…

SB: Y sí papá no llega a entrar para confiscarle la bolsa de Doritos, aún estaría allí, haciendo tarta de manzana…

SG: A lo mejor tendríamos que haberla dejado… ¿Crees que si le ponemos sesamo negro en el pelo dará el pego?

Inadecuada

Con todas las maletas a medio deshacer (excepto la del curro, que ya la vuelvo a tener hecha) descubro que tengo una carta en el correo que me informa que me han apeado de un proceso de selección en el que estaba (vamos, una posible oferta de trabajo que se va al garete).

Y como suele suceder en este tipo de situaciones, me pregunto qué ha ido mal, que es lo que le falla a mi currículum, que es lo que me falla a mí. Me deprimo un poco, siento pena. Luego pienso que tengo suerte de tener trabajo, salud y de momento, donde caerme muerta y me siento todavía peor por sentirme mal. En días como hoy me siento inadecuada en todos los frentes. Miro mis maletas, las cosas que tengo por hacer, las que debería haber hecho, las que sé que no me va a dar tiempo a hacer

Y pienso que no sé si es que necesito otra vida o todo lo contrario, que menos es más y que tengo que empezar a dejar irse cosas de las manos para concentrarme en aquello que realmente es importante. Vivimos en una sociedad muy enferma, hace mucho tiempo que no somos, sino que tenemos… y a la hora de la verdad todos sabemos que lo que tenemos se nos puede quitar y lo importante es en realidad lo que somos.

Hablando de trabajo

Empecemos por decir que creo que hay cuatro tipos de personas en este mundo:

  1. Los que saben lo que quieren hacer en esta vida desde su más tierna infancia y encima son capaces de encontrar trabajo en ello (y me dan mucha envidia).
  2. Aquellos que encuentran algo en mitad de su vida y más o menos son felices con lo que tienen.
  3. Aquellos que tienen claro lo que les gustaría hacer, pero no encuentran la manera de pagar las facturas con ello…
  4. Y el cuarto grupo: a los que llegados los veinte, nos dicen que a los treinta lo veremos más claro y llegados los cuarenta, comprendemos con pánico que sabemos muchas de las cosas que definitivamente NO nos gusta hacer, pero no estamos más cerca de descubrir nuestra vocación de lo que estábamos hace veinte años…

Los que me conocéis sabéis que llevo tiempo descontenta e insatisfecha con el tema del trabajo. En estos casos, como en los de las relaciones de pareja, no creo que toda la culpa sea de mi puesto o de la empresa… también contribuye mi pertenencia a ese segmento de la población que no tiene ni pajolera idea de lo que quiere hacer con su vida e incluso cuando le preguntan en esos seminarios de motivación sesudos qué es lo que haría si dispusiera de un millón de euros, a lo más que llegan es a quedarse en blanco. Por eso mensajes como éste que sigue, me desaniman bastante:

A mí al menos, no me parece tan fácil como a este tipo del vídeo… Seamos honestos, si SB me dice mañana que quiere dejar el instituto para ser parte de una boy-band, no podría decirle con todo mi corazón que siga sus sueños… entre otras cosas porque lo que pienso es que la demanda de cantantes adolescentes es limitada y que la adolescencia tiene también un cierto límite y la idea de mi hijo acabando como una Miley Cirus en versión masculina, me horroriza…

Estoy mucho más cerca de la visión que se da en este artículo, que precisamente me ha mandado una compañera de trabajo que se redujo la jornada sin una razón “aparente” para hacerlo: que no existe trabajo suficiente para ocupar a todo el mundo y que para evitar una especie de revolución se ha inventado una serie de trabajos perfectamente prescindibles. Así que mientras el sistema no cambie, estamos condenados (o al menos ese 90% que nunca conseguiremos ser Robbie Williams) a realizar trabajos que no van a terminar de convencernos. 

No todo va a ser negativo. Me quedo sin lugar a duda con la visión de este otro tipo (lo siento, ésta no la he encontrado en español, pero los cinco puntos que da los traduzco abajo):

  1. Ten claro por lo que estás trabajando (aunque sólo sea por el dinero para conseguir otras metas).
  2. Es mejor ser cola de león que cabeza de ratón (vamos, que mejor ser becario de la empresa de tus sueños que jefe de una que no tragas).
  3. Recuerda siempre que la hierba parece más verde al otro lado de la valla (o que el trabajo de otros siempre parece mejor que el tuyo).
  4. Reflexiona sobre el efecto positivo de tu trabajo.
  5. Mantén tu integridad y tus valores.

Y si de verdad en el lugar de trabajo en el que estamos, el puteo es tan constante que no se puede aguantar, siempre es mejor largarse con mucho estilo…