Padres que no pueden soportar a sus hijos

Llega el verano y las vacaciones escolares. En España ya lleváis unas semanas disfrutándolas. A mí me quedan aún un par de ellas para tener a los dos Supernenes en casa. Y puede que sea una loca confesa, pero estoy muy contenta por ello. Contenta de que se acabe el curso, las presiones, de tener tiempo en casa para disfrutar con mis hijos, de poder irme a la playa con ellos… Juzgando por lo que se lee en la blogosfera, soy una rara avis. Las madres y padres que nos alegramos de las vacaciones, somos los menos.

 

Verano chiste Faro

El chiste me ha llegado circulando por la red, pero la fuente original de la ilustración es http://www.e-faro.info

 

Ha sido una amiga mía, maestra y blogger también, la que comentaba el otro día con nosotros cómo le pone nerviosa por estas fechas la cantidad de padres que ya no es que parezcan desbordados por las vacaciones que se acercan, sino que se quejan de tener que convivir con sus hijos durante más de dos días seguidos. La primera situación dentro de lo que cabe, es normal, si resulta que tienes niños pequeños y una jornada laboral completa y no tienes donde dejarlos en esos momentos: soy madre trabajadora y he vivido esa tesitura, sé el dolor de cabeza que cuesta organizar un verano para que tus hijos estén bien atendidos y cuidados… no, no es a esto a lo que me refiero. Os puedo asegurar que te pasa incluso teniendo un sistema muy eficaz de cuidado fuera de las horas de escuela como el que tienen en Sajonia, o críos algo más grandes como son los míos en este momento.

Tampoco me estoy refiriendo a los momentos chiste o de desazón que tenemos todas (estoy pensando en el Club de las Malas Madres, que es el último lugar donde he leído lamentos variados y en masa por las vacaciones y mira, justamente cuando voy a poner el enlace me doy cuenta de que hace poco han hablado de un tema parecido). Todas tenemos esos cinco minutos secretos en el día en que nos arrepentimos mogollón de haber sido madres y ese momento en que damos gracias a quien nos corresponda en la lista de creencias porque no hay una lámpara de Aladino con tres deseos (ya que habríamos usado uno para borrar a nuestros retoños del mapa). Todas necesitamos una hora o dos de olvidarnos de que somos madres y nos la merecemos de cuando en cuando. No, la frustración es humana y normal, los niños son niños y hay ratitos en que les mandaríamos solos al fresco. La buena noticia es que según van siendo más mayores, ¡es posible hacerlo! Y creedme que eso facilita mucho la paz y la armonía familiar (pero ese es otro tema en el que no voy a meterme ahora).

No, estoy hablando de algo más profundo, de gente que parece haber tenido hijos porque “tocaba” y se dedica a ir dejándolos aparcados según corresponda la temporada: en invierno en clase, en verano en la animación del hotel. En las últimas vacaciones en Mallorca, viví como dos señoras delante de mí le decían literalmente a la de la recepción que les “habían arruinado las vacaciones” porque la animación infantil cerraba una hora al día para comer. Cuando me tocó el turno y comenté con la muchacha que me parecía una exageración, me confesó que era muy frecuente, demasiado frecuente en los últimos años. Lo cuál choca más porque estamos en una época en que tener hijos tendría que ser una actividad completamente voluntaria…

Como madre, intento no juzgar las circunstancias de los demás porque ya tengo bastante con las mías propias. Intento pensar que esta gente tiene poco tiempo para estar con sus parejas en sus vidas normales, no sé, intento buscar explicaciones lógicas para que alguien pueda considerar su vida arruinada por tener que pasar una o dos horas al día con sus hijos en vacaciones. Pero rodeada como estoy por amistades que ejercen como maestras, educadoras infantiles y profesor@s de instituto, sé que hay muchos casos en que no ocurre así. En que sencillamente cada hora de menos pasada con sus hijos es una hora ganada al día. Y si me meto en ello y me preocupa es porque por mucho que hablemos de las horas de “calidad” pasadas con nuestros retoños, realmente la mejor educación que les podemos dar es la basada en el ejemplo y en el cariño. Para eso, se necesita contacto con ellos. Contacto cuando estás tú también en lo mejor. Dejamos el cuidado de nuestros hijos en manos ajenas y luego nos asombramos cuando hay unos adolescentes delante de nosotros, a los que no reconocemos y de los que no sabemos absolutamente nada.

Para mí, tener a mis hijos cerca en verano, cuando no estamos presionados por un horario que nos constriñe y nos hace perder los nervios y la calma; cuando podemos permitirnos esa media hora más en la cama achuchándonos, o ese desayuno interminable viendo una película; cuando los días son largos y abrimos y cerramos las playas; cuando no tengo que decir que no a un helado o a un refresco porque se han pasado todo el día corriendo y jugando en lugar de estar atados a un pupitre, para mí estas cosas pertenecen a los mayores placeres y las mayores satisfacciones que puedo vivir. Lo hago sin sacrificio y me carga a mí también las pilas de cara al invierno en el que tengo que ser a veces también madre gruñona y desagradable. Desgraciadamente, también puedo empezar a dar fe de aquello de que la infancia es una época que se pasa demasiado pronto. Hay que aprovecharla mientras se puede porque vuelan cada vez más temprano.

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La semana de mama: Elbhangfest (sigue la juerga)

SB: Mamá dice que los alemanes se han ganado la fama de serios, pero que aquí de Mayo a las vacaciones esto es una fiesta contínua…

SG: Y no le falta razón, aquí en casa empieza el 1 de Mayo el día del Trabajo…

SB: … siempre me ha parecido muy gracioso eso de que sea el día del trabajo y todo el mundo esté de fiesta.

SG: Bueno, el caso es que empieza en Mayo y va hasta las vacacaciones. Entre medias tenemos Dixieland, BRN y se cierra la temporada con Elbhangfest.

SB: Es la fiesta callejera más grande de Europa, casi cinco kilómetros de orilla del Elba, en la zona urbana.

SG: Vallan el terreno y para entrar te dan una pulserita…

SB: Y los niños entramos gratis.

 

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Bueno, ya vamos por la 25 pero el modelo de pulserita no ha cambiado nada con los años.

 

 

SG: La fiesta es un derroche de color, de bebidas, de puestos callejeros.

SB: Son los propios vecinos los que la organizan y muchos de ellos montan un pequeño bar o café en su jardín.

SG: O venden cosas por la calle.

SB: Y también hay escenarios, artistas callejeros… no se puede dar dos pasos sin encontrar uno.

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Títeres, música, café… tanto profesional como amateur. Los vecinos de la zona se vuelcan y literalmente, sacan la casa a la calle.

 

SG: Y el punto álgido del fin de semana son las carreras de Drachenboot.

SB: Compiten equipos de las distintas empresas y es muy divertido ir a verles dar al remo por el río.

SG: ¡Y no olvides que papá compite desde hace un par de años!

SB: Quiero olvidarlo precisamente porque ayer no ganó… qué porquería…

SG: Bueno, no se puede ganar siempre.

SB: Pero es que la mayor parte de la carrera la iban ganando.

SG: No te preocupes, que el año que viene entrenará más y todo irá mejor.

SB: Eso espero, porque yo estoy haciendo lo mismo con mis deberes y no quiero perder el tiempo si no funciona…

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Dale a la pala papá, dale, que os adelantan…

 

 

SG: Ahora nos tendremos que conformar con los grills de los amigos hasta las vacaciones. Pero Mayo del año que viene vuelve pronto…

Paris: aprovecha el buen tiempo

Bueno, pues hemos tardado en ponernos a ello, pero ya tenemos viaje en Superfamilia para este mes. Entiendo que para mucha gente, el verano es el momento de ir a la playa pero yo reconozco que desde que me marché de España en verano voy “obligada” porque:

  1. todo el mundo decide ir también por estas fechas con lo cuál no hay paz, ni tranquilidad que valga (con lo bien que se está en Octubre, con todo el mar para tí solito).
  2. hace un calor que te mueres, y aquí en centroeuropa sin embargo el tiempo suele ser bueno (llevamos tres días de lluvias, espero que no sea por llevar la contraria).

 

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Aquí no hay playa, pero la silueta de la ciudad es inconfundible…

 

Así que traigo un destino europeo que no muere nunca y que siempre presenta alguna novedad para ver, no importa todas las veces que vuelvas. La Superfamilia estuvo en París en el mes de Febrero… Y tuvimos una suerte increíble porque nos hizo un tiempo de escándalo para la época. Pero en realidad, el mejor momento para ir a la ciudad de la Luz sigue siendo el verano: aunque esté lleno de turistas hasta en la sopa, siempre te arriesgas menos con el clima (el secreto mejor guardado de los parisinos es que tienen más precipitaciones en media que los londinenses).

 

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Mejor dejarse el coche en casa, especialmente si se quiere uno ubicar en el centro… No hay ninguna casa en la almendra central de la ciudad que no tenga una boca de metro a menos de medio kilómetro…

 

Eso sí, en Febrero se pueden encontrar ubicaciones céntricas a precios muy moderados, y ya que los Supernenes se habían ganado a pulso el ir por fin a Disneylandia (destino que pondremos también aquí cuando llegue su momento), decidimos ampliar la visita para que, al menos, descubrieran un mínimo de lo que hay que descubrir en París…

 

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Haciendo el turista por París, de izquierda a derecha: SM, SW, SG y SB.

 

Lo mejor que tienen los franceses, sin lugar a duda, es que saben como comer… Solamente con la “baguette” y el “fromage” hubieramos podido sobrevivir, cambiando tipos de cuando en cuando un buen periodo de tiempo. No es una excepción, en pocos metros a la redonda de nuestro alojamiento había seis panaderías, cuatro tiendas de charcutería y dos de vinos. Todo bueno y a un precio razonable (para nosotros que estamos acostumbrados a lo que comen los alemanes).

 

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Aunque es una ciudad que da para todo el tiempo que quieras quedarte en ella, en realidad lo “esencial” de París (y me refiero con ello a la parte más turística y a los principales monumentos) se puede ver en dos días si vas sin niños y tres si vas con ellos… En general es una ciudad segura, pero hay que tener ojo con bandas organizadas de carteristas y rateros. Cuando nosotros fuimos, se intentaban acercar con una especie de petición en la mano, como si estuvieran pidiendo firmas. También estaban en los alrededores de la estación de Marne-la-Vallèe. Pero con un poco de precaución normal y teniendo un ojo a la cartera y a las cosas de valor, prueba superada.

 

A nosotros en tres días nos dió tiempo para casi todo:

  • El barrio de la Defensa, donde hay un par de centros comerciales en los que se puede comer a precios no turísticos:
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Ahora vamos a caminar hasta aquel arco que se ve a lo lejos… NOOOOOOOOOO (al final, por supuesto, tomamos el metro).

 

  • Los Campos Eliseos, con sus tiendas de lujo y el centro Renault, interesante de ver especialmente para los amantes del motor:

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  • Y entre tienda y tienda hubo tiempo para el deporte urbano por excelencia, la persecución de palomas… algo ideal para que los peques se aireen entre tanto monumento:
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Por arriesgado que parezca para los pobres animalitos, hasta ahora siempre han sido más rápidos que los dos niños…

  • La rivera del Sena:

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  • Y todas las maravillas del centro de París, sean históricas o ultramodernas:

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Para los peques sin duda lo “menos aburrido” (teniendo en cuenta que salían directos de donde salían, sabíamos que poco les podía impresionar… Para los que se lo puedan permitir, mejor dejar Disney para el final de la ruta si cuadra) fue la torre Eiffel. La torre tiene una altura de 300 metros y es prima hermana de nuestra “maravilla azul”. Es posible subir el primer tramo por las escaleras, que además de ser sano tiene un precio más reducido. Las vistas son igual de impresionantes que desde la parte de arriba y la claustrofobia turística es menor.

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Buscar una toma original de esta torre es imposible, creo…

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670 escalones… ese día hicimos ejercicio de piernas, aparte del paseo…

Y por supuesto el barrio de Montmatre, que es una trampa turística a más no poder, pero al que siempre termino encontrándole rincones especiales y detalles que lo hacen tener encanto a ojos del que lo visita:

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Lo mejor en este barrio es dejarse llevar por los sentidos, por la música, por las pinturas de los artistas callejeros… me lo llevaría todo a casa si pudiera:

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Música de arpa en las escaleras del Sacre Coure… deseando que los Supernenes vuelvan a ver Amelie y hagan la conexión mental.

 

Para mí lo mejor de todo es que, ¡por fin! pude ver mi cuadro favorito en vivo y en directo… poca gente se ha quedado dos veces en la puerta del Museo compuesta y sin entrada. Pero la perseverancia es una de mis mejores facetas. Puedo tardar doce meses en actualizar un post, pero cuando digo que lo hago, lo hago…

 

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Señores del Museo de Orsay: qué gran acierto poner este sofá tan cómodo donde puede abandonar un rato a toda mi familia para sumergirme en el mundo de los impresionistas… se lo agradeceré eternamente.

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Lo dicho, una ciudad con muchas facetas, que innova y fascina sin dejar de perder su encanto histórico. Un destino perfecto, y no únicamente para los enamorados…

 

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El amor no conocer fronteras, ni límites…