La semana de mama: Te hemos pillado…

SB: Siempre lo dices, no hay excusa…

SG: Y tiene que tener la cabeza uno en lo que la tiene que tener…

SB: Querías hacer como que no ha pasado nada, pero te hemos escuchado hablando ayer por teléfono con papá…

SG: … y lo sabemos todo, sabemos que te has bajado del tren y te has dejado la maleta dentro.

SB: ¿Te parece bonito? ¿En qué andabas pensando?

SG: Aaaay, si es que tiénes la cabeza a pájaros y no puede ser, mamá, tienes que ser más responsable de tus cosas…

SB: Y menos mal que esto es Alemania y la maleta ha aparecido al día siguiente…

SG: Con todo dentro, porque sabemos que llevabas la cámara dentro…

SB: Y ya sabes lo que nos dices siempre…

Recuerda que si lo pierdes yo no te voy a comprar otro…

SG: Como sigas así, los Reyes te van a traer sólo carbón…

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Si alguien la ha visto, ésta es la que estamos buscando…

SB: Lo cierto SG, es que mamá está desconocida… Tan pancha con el tema de la cámara, pasando de nuestras broncas… con los sofocos que se lleva ella con este tipo de cosas.

SG: Pues no sé, para mí que es que no terminó de interiorizarlo… o eso, o lo de la meditación trascendental está dando sus frutos…

SB: ¿Tú estás segura de que medita? Porque para mí que está sobando…

SG: Que sí hombre de poca fe… Y ahora vamos a dejar la poca descarga que nos queda libre, que si no no podremos jugar a los zombies hasta la semana que viene…

Detectives de cuadros

Anuncio escuchado en la radio conduciendo esta mañana por una autopista alemana:

“Madre: Hijo, prepárate que nos vamos a un museooo…

Niño: Noooo, no hay algo mejor que hacer?

Estúpida voz en off: Para pasar un día en familia divertido y maravilloso, ven este fin de semana al concesionario de coches tal y tal.”

Me pone de los nervios cuando escucho que los peques hoy en día están muy mal educados y la culpa es de los padres y maestros. La gran mayoría de nosotros nos esforzamos al máximo e intentamos hacer ver a nuestros pequeños la importancia de cultura y educación, por encima de las modas de una sociedad que las desprecia pero a la vez las ve como algo que tendría que venir de serie, como el aire acondicionado en los coches…

Esto viene a cuento porque a principios de Octubre tuvimos un día de fiesta nacional por estos lares. Y me llevé a los peques al Museo. La reacción de SG fue parecida a la del crío del anuncio.  Tuve que prometer por activa y por pasiva que sólo íbamos a ver un par de cuadros y que iba a ser divertido para ellos… Por fortuna (y por el buen arte de la profesora de plástica de SB) a él le teníamos completamente ganado para la causa: han estado estudiando a Vicent van Gogh en clase y lo que él quería en realidad era irse hasta Amsterdam a ver “Starry Night” (todo se andará, hijo, no desesperes).

Pues el caso es que nos hizo un día estupendo y decidímos que la mejor forma de tenerles relajaditos en el Museo era llevarles hasta el centro haciendo un poco de deporte…

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Vuelve a demostrarse que la lenta en esta familia, soy yo…

Es la primera vez que pisamos este Museo en ocho años: la última vez una SG que apenas había aprendido a andar encontró muy divertido correr de sala en sala probando la acústica y el eco de las mismas, mientras dos avergonzados padres primerizos intentaban sacarla de allí y por supuesto, fueron incapaces de apreciar un sólo cuadro…

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Me encantan los museos con publicidad en las paredes…

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¿Tiene todo el mundo su entrada?

Por fortuna esta vez íbamos provistos de una hoja de papel con un par de actividades para que los dos se. La idea la sacamos del Museo del Reloj de Glashütte donde les dan a los que todavía no tienen edad de apreciar el museo en su totalidad una lista de preguntas que tienen que buscar en las salas… Yo tenía muy claro que lo que queríamos era ver el Van Gogh del Museo y, a ser posible, conectar un poquito con los impresionistas (porque me gustan mucho y París está a un tiro de piedra para unas posibles vacaciones pronto). Así que escogí junto con el Van Gogh, las “Muchachas de Tahití” de Gaugin y “Dos bailarinas” de Degas.

Tener a mano un planillo del museo y una idea de hacia donde se va es indispensable: con ellos hay que entrar a tiro practicamente hecho. Una alternativa, en el grupo de edad de los algo mayorcitos como los míos, es que pregunten ellos mismos dónde se encuentra el cuadro.

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Y por fin, manos a la obra con la actividad propuesta…

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No miréis las faltas de ortografía, por favor, o miradlas recordando que la pobre es trilingüe y Supergüeli todavía se asombra de que sea capaz de hablar, leer y escribir…

Para SB, los tres cuadros fueron francamente demasiado. La próxima vez que repitamos, a él le pondremos nada más que uno, que es lo que recomiendo en la franja de edad de los tres a los siete años… en esa edad se les puede dejar también que “dibujen” sus respuestas si todavía no escriben o les cuesta hacerlo con soltura…

Resultado: una mañana divertida y nosotros dos tuvimos tiempo de apreciar algunos cuadros mientras ellos estaban enfrascados en su papelito… Y como postre, había una exposición de un pintor moderno, al que no conocíamos de nada, pero nos gustó:

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Hablando de trabajo

Empecemos por decir que creo que hay cuatro tipos de personas en este mundo:

  1. Los que saben lo que quieren hacer en esta vida desde su más tierna infancia y encima son capaces de encontrar trabajo en ello (y me dan mucha envidia).
  2. Aquellos que encuentran algo en mitad de su vida y más o menos son felices con lo que tienen.
  3. Aquellos que tienen claro lo que les gustaría hacer, pero no encuentran la manera de pagar las facturas con ello…
  4. Y el cuarto grupo: a los que llegados los veinte, nos dicen que a los treinta lo veremos más claro y llegados los cuarenta, comprendemos con pánico que sabemos muchas de las cosas que definitivamente NO nos gusta hacer, pero no estamos más cerca de descubrir nuestra vocación de lo que estábamos hace veinte años…

Los que me conocéis sabéis que llevo tiempo descontenta e insatisfecha con el tema del trabajo. En estos casos, como en los de las relaciones de pareja, no creo que toda la culpa sea de mi puesto o de la empresa… también contribuye mi pertenencia a ese segmento de la población que no tiene ni pajolera idea de lo que quiere hacer con su vida e incluso cuando le preguntan en esos seminarios de motivación sesudos qué es lo que haría si dispusiera de un millón de euros, a lo más que llegan es a quedarse en blanco. Por eso mensajes como éste que sigue, me desaniman bastante:

A mí al menos, no me parece tan fácil como a este tipo del vídeo… Seamos honestos, si SB me dice mañana que quiere dejar el instituto para ser parte de una boy-band, no podría decirle con todo mi corazón que siga sus sueños… entre otras cosas porque lo que pienso es que la demanda de cantantes adolescentes es limitada y que la adolescencia tiene también un cierto límite y la idea de mi hijo acabando como una Miley Cirus en versión masculina, me horroriza…

Estoy mucho más cerca de la visión que se da en este artículo, que precisamente me ha mandado una compañera de trabajo que se redujo la jornada sin una razón “aparente” para hacerlo: que no existe trabajo suficiente para ocupar a todo el mundo y que para evitar una especie de revolución se ha inventado una serie de trabajos perfectamente prescindibles. Así que mientras el sistema no cambie, estamos condenados (o al menos ese 90% que nunca conseguiremos ser Robbie Williams) a realizar trabajos que no van a terminar de convencernos. 

No todo va a ser negativo. Me quedo sin lugar a duda con la visión de este otro tipo (lo siento, ésta no la he encontrado en español, pero los cinco puntos que da los traduzco abajo):

  1. Ten claro por lo que estás trabajando (aunque sólo sea por el dinero para conseguir otras metas).
  2. Es mejor ser cola de león que cabeza de ratón (vamos, que mejor ser becario de la empresa de tus sueños que jefe de una que no tragas).
  3. Recuerda siempre que la hierba parece más verde al otro lado de la valla (o que el trabajo de otros siempre parece mejor que el tuyo).
  4. Reflexiona sobre el efecto positivo de tu trabajo.
  5. Mantén tu integridad y tus valores.

Y si de verdad en el lugar de trabajo en el que estamos, el puteo es tan constante que no se puede aguantar, siempre es mejor largarse con mucho estilo…