La semana de mamá: Recta final fin de curso

SB: ¡Tengo miedo de las notas!

SG: A ver si cambias el dial, porque llevas todo el fin de semana con lo mismo, y aún te quedan tres semanas para terminar la faena…

SB: ¡Tengo miedo de las notas!¡Tengo miedo de las notas!¡Tengo miedo de las notas!

SG: Que sí que nos hemos enterado. Todos, hasta mamá que no es muy perceptiva con el tema. Pero es que tienes que hacer algo al respecto con los exámenes…

SB: Mucho miedooooo…

SG: Lo que digo, ayuda que sepas si el exámen de matemáticas que tienes es el lunes o el miércoles… Ayuda también saber el temario que te entra…

SB: Pero si es que todo lo que enseñan en la escuela no sirve para nada y es aburrido…

SG: Lo del aburrimiento te lo concedo, pero vamos, para algo sí que supongo que sirve…

SB: Que no, que no…

SG: Mamá y papá siempre dicen que a ellos les ha servido.

SB: Sí, pero yo no quiero hacer el idiota en una oficina como ellos. Yo quiero hacer algo divertido, como, como… como ser cazador de malos y para eso no necesito saberme la tabla del cuatro…

SG: Los malos no existen, y al menos un poquito de sumas y restas sí que necesitarías para saber cuántos ibas matando.

SB: ¡Pues piloto Jedi! ¡O astronauta!

SG: Ufff, no, los astronautas necesitan saber muuuuchas mates. Tienen que calcular las trayectorias, la geometría, el espacio… todo eso.

SB: ¿Es que no hay nada en este mundo que no se pueda hacer sin estudiar?

SG: Lo que mamá dice siempre…

 

Picar piedra, hijos, picar piedra.

 

SG:… pero tampoco te gusta.

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Y para ésto, ¿también tengo que saber dividir con cifras?

SB: No hay salida…

SG: Venga consuélate, que nos quedan solamente unas semanas y luego vamos a la playa con los abuelos. Y aunque entre semana estén los exámenes, los fines de semana de verano molan mucho, siempre salimos y hacemos cosas guay…

SB: O hay fiestas…

SG: O barbacoas. Si tenemos seis barbacoas y en cada una de ellas nos tomamos seis salchichas, ¿cuántas salchichas nos vamos a comer los dos juntos en el mes de junio?

SB: No, por favor, no hagas como mamá, no me estropés las salchichas… que cada vez que como caramelos, me acuerdo del maldito exámen de matemáticas.

SG: Venga, que ya queda menos, el esfuercito final.

Detectives de cuadros

Anuncio escuchado en la radio conduciendo esta mañana por una autopista alemana:

“Madre: Hijo, prepárate que nos vamos a un museooo…

Niño: Noooo, no hay algo mejor que hacer?

Estúpida voz en off: Para pasar un día en familia divertido y maravilloso, ven este fin de semana al concesionario de coches tal y tal.”

Me pone de los nervios cuando escucho que los peques hoy en día están muy mal educados y la culpa es de los padres y maestros. La gran mayoría de nosotros nos esforzamos al máximo e intentamos hacer ver a nuestros pequeños la importancia de cultura y educación, por encima de las modas de una sociedad que las desprecia pero a la vez las ve como algo que tendría que venir de serie, como el aire acondicionado en los coches…

Esto viene a cuento porque a principios de Octubre tuvimos un día de fiesta nacional por estos lares. Y me llevé a los peques al Museo. La reacción de SG fue parecida a la del crío del anuncio.  Tuve que prometer por activa y por pasiva que sólo íbamos a ver un par de cuadros y que iba a ser divertido para ellos… Por fortuna (y por el buen arte de la profesora de plástica de SB) a él le teníamos completamente ganado para la causa: han estado estudiando a Vicent van Gogh en clase y lo que él quería en realidad era irse hasta Amsterdam a ver “Starry Night” (todo se andará, hijo, no desesperes).

Pues el caso es que nos hizo un día estupendo y decidímos que la mejor forma de tenerles relajaditos en el Museo era llevarles hasta el centro haciendo un poco de deporte…

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Vuelve a demostrarse que la lenta en esta familia, soy yo…

Es la primera vez que pisamos este Museo en ocho años: la última vez una SG que apenas había aprendido a andar encontró muy divertido correr de sala en sala probando la acústica y el eco de las mismas, mientras dos avergonzados padres primerizos intentaban sacarla de allí y por supuesto, fueron incapaces de apreciar un sólo cuadro…

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Me encantan los museos con publicidad en las paredes…

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¿Tiene todo el mundo su entrada?

Por fortuna esta vez íbamos provistos de una hoja de papel con un par de actividades para que los dos se. La idea la sacamos del Museo del Reloj de Glashütte donde les dan a los que todavía no tienen edad de apreciar el museo en su totalidad una lista de preguntas que tienen que buscar en las salas… Yo tenía muy claro que lo que queríamos era ver el Van Gogh del Museo y, a ser posible, conectar un poquito con los impresionistas (porque me gustan mucho y París está a un tiro de piedra para unas posibles vacaciones pronto). Así que escogí junto con el Van Gogh, las “Muchachas de Tahití” de Gaugin y “Dos bailarinas” de Degas.

Tener a mano un planillo del museo y una idea de hacia donde se va es indispensable: con ellos hay que entrar a tiro practicamente hecho. Una alternativa, en el grupo de edad de los algo mayorcitos como los míos, es que pregunten ellos mismos dónde se encuentra el cuadro.

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Y por fin, manos a la obra con la actividad propuesta…

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No miréis las faltas de ortografía, por favor, o miradlas recordando que la pobre es trilingüe y Supergüeli todavía se asombra de que sea capaz de hablar, leer y escribir…

Para SB, los tres cuadros fueron francamente demasiado. La próxima vez que repitamos, a él le pondremos nada más que uno, que es lo que recomiendo en la franja de edad de los tres a los siete años… en esa edad se les puede dejar también que “dibujen” sus respuestas si todavía no escriben o les cuesta hacerlo con soltura…

Resultado: una mañana divertida y nosotros dos tuvimos tiempo de apreciar algunos cuadros mientras ellos estaban enfrascados en su papelito… Y como postre, había una exposición de un pintor moderno, al que no conocíamos de nada, pero nos gustó:

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