La vida como experiencia educativa

Llevo una temporada dándole vueltas a algo que me dijo mi psicólogo cuando le comenté que en mi relación con mi mando superior, me daba la impresión de que siempre se juntaba el hambre con las ganas de comer. Vamos, que yo soy muy exigente conmigo misma y encima los jefes suelen quererlo todo para ayer por la tarde y con filigranas a ser posible. Lo cuál me provoca estrés que a su vez es uno de los factores desencadenantes de la depresión en mi caso. Mi psicólogo que es un tío bastante espabilado enseguida le dió la vuelta a la tortilla y me recomendó que me tomara la cadena de mando, la empresa y los momentos malos como una experiencia educativa. “Tenlo claro” me dijo, “es el momento adecuado para poner en práctica todo lo que has aprendido en la terapia”. Y encima me dejó con la perla de que muy pocas personas tienen la oportunidad de practicar tan de primera mano lo que han aprendido como yo.

Porque reconozcamos que me meto en todos los jaleos posibles y alguno más y he tenido que aprender a decir que no sobre la marcha. A mí misma (no te metas en ningún fregado más, no te empeñes en sacar hoy la receta de la crema de zanahoria, no te metas en filigranas para el 52 S…) pero también en muchas ocasiones a los demás (no puedes estar en dos sitios al mismo tiempo así que si quieres desayunar con los niños en vacaciones no puedes trabajar nueve horas diarias). Que me hierve la sangre por dentro cuando alguien me trata como idiota (y a todos nos ocurre en ocasiones que confundimos “idiota” con “extranjero”. Te das perfecta cuenta de ello cuando empiezas a ser extranjero tú). Que hay gente que va por la vida avasallando a los demás y muchos de ellos han acabado en esa cadena de mando de la que hemos hablado antes porque en la época del pelotazo estaba bien visto tener esa actitud…

Me da igual. Como a Santa Teresa, tengo que conseguir que nada me turbe (con la desventaja de que soy atea y lo de que sólo Dios basta a mí me deja bastante indiferente).

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Así que bienvenida sea la vida, bienvenidas las personas y los momentos desagradables que me tocan, en realidad tengo que empezar a verlos como lo que son: un campo de prácticas para esa mejor yo que llevo tiempo buscando.

La teoría del lado oscuro

Llevo toda la semana dándole vueltas a algo. Tiene que ver con mi relación con el mundo exterior pero por el título también podéis adivinar que está relacionado con mi saga favorita. Y es que llevo unas semanas luchando con lo que que creo que es “el lado oscuro” de casi todo el mundo.

Me explico. Creo que si la saga de Star Wars triunfó como ha triunfado es porque cuenta la llamada historia universal. La de la lucha del bien contra el mal. Es la misma temática que hace de “El Hobbit” y “LOTR” otra gran saga con éxito. Y por mucho que la gente un poco purista diga que nos vamos volviendo tontos: si “La Odisea” fue un exitazo hace 27 siglos, es por la misma razón. Y lo que tienen en común las historias universales es que alegorizan de una manera muy simple algunos de los temas más profundos y filosóficos que tienen que ver con la naturaleza humana. El famoso “lado oscuro” no deja de ser esa rebanaíta de mala baba que tenemos todos internamente y que nos lleva a conventirnos en aquello que más odiamos. En lugar de reaccionar ante una afrenta o un inconveniente con un cierto laissez-faire, sin que nos importe un comino, nos convertimos en una especie de monstruo vengativo en el que las emociones explotan de manera fatal. No es necesario que el estallido emocional sea hacia fuera y todo el mundo alrededor esté informado. Para sentir que te domina el lado oscuro, basta con permitir que ese pensamiento de ira domine tu mente por unos momentos.

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Llevo toda la semana luchando contra el poder del lado oscuro que a ratos me atenaza. Ese alegrarme por los tropiezos de la gente que me cae mal, enojarme por cosas que están por encima del alcance de mi control directo, perder la paciencia con los Supernenes por absolutas tonterías y creer que estoy por encima del bien y del mal en algunos momentos. No es algo malo, es netamente humano, pero agradezco haberme dado cuenta de ello y estar luchando activamente para encontrar mi lado más zen y no dejar que el poder del lado oscuro me convierta en una madre y esposa como Darth Vader.

La bendición del emigrante

Al final voy a hacer ahora una entrada entre jueves y viernes porque ayer que me tocaba agradecer, estaba demasiado ocupada pasándolo bien con un grupo de amigas. Y la voy a hacer agradeciendo que he sido y soy actualmente, una emigrante.

Vale: es duro tener que hacer las maletas y dejar tu vida atrás. Voy a disipar un tópico muy extendido. Nadie emigra por gusto. En el mejor de los casos tienes la suerte de haber podido elegir, haber visto el panorama que tenías y haber salido a buscar algo mejor desde una situación en la que tienes una red debajo por si te caes con todo el equipo. En el peor, hay una guerra, un problema político, algo amenaza tu vida en el lugar anterior y has tenido que salir por piernas…

 

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En cualquiera de los dos casos, emigrar te hace humilde. De repente tienes que adaptarte a un medio que no es el tuyo. No dominas el idioma, no sabes por donde te vienen las tortas. Tienes que volver a aprender y comprendes que en la vida, al final, lo que cuenta, lo único que te puedes llevar de un lado para otro, el único equipaje que viaja ligero son tus capacidades y tus conocimientos. Los emigrantes de segunda generación (es decir, los hijos de los que somos emigrantes) suelen ser empujados por sus padres más que la media para que estudien, para que se preparen, para que sepan que la vida que llevan es un privilegio. Y me parece estupendo haber asimilado ese tipo de actitud y estar transmitiendosela a mis hijos.

Las madres visibles

Mi ronda de agradecimiento semanal se va para Carolina Bescansa, por hacer algo que no se sale de lo común, ni tendría que haber pasado de la mera anecdota y ha hecho correr ríos de tinta y de opinión.

La maternidad es realmente una carrera de obstáculos. Normalmente estás deprimida, tienes mil cosas que recolocar (la primera de ellas tu organismo) y si además el permiso de maternidad es tan exiguo como lo tenemos resulta que cuando por fin le estás tomando gusto al tema y empiezas a sentirte algo más segura en tu relación con el bebé, toca volver a trabajar. No voy ni siquiera a valorar si ha sido una acción correcta o equivocada, si ha sido un gesto político o le ha salido del cuerpo (sospecho que más esto último, dado que ya ha acudido a otros eventos con el bebé sin que se haya montado tanto revuelo). Reconozcámoslo: muchas de las personas que me están leyendo, agradecerían poder tener la flexibilidad de llevarse a sus hijos al trabajo, de poder llevarse trabajo a casa cuando uno está enfermo, de poder compaginar de alguna manera más a gusto de todos la vida laboral y personal. Y el caso es todavía más claro si están en una edad tan tierna como la que se le adivina al bebé que aparece pixelado en las fotos.

 

Mi pequeña científico dando sus primeros pasos

SG completamente irreconocible (por lo cuál ni la he pixelado) y pasándolo pipa en mi lugar de trabajo…

 

Así que sí, creo que el gesto de Carolina ha sido de agradecer. Y lo ha sido porque todo el mundo está hablando sobre ello. Decía @lamayem hoy que el día en que cada familia pueda hacer lo que quiera con sus hijos (llevarlos al trabajo, llevarlos a la guardería, pedir una excedencia de unos meses o ponerse el mundo por montera y decidir que uno de los miembros de la pareja renuncia a la vida laboral y se queda en casa) sin que la masa enfurecida opine a favor o en contra, ese será el día en que hayamos puesto la pica en Flandes. A veces también me ha dado por ser masa enfurecida. Espero que se entienda que lo que pretendía criticar es la importancia del gesto y no lo que cada cuál haga con su vida. Y agradezco todas las oportunidades que nos den para hablar sobre el tema hasta que de verdad se deje de hablar de ello…

2014_48: Agradecimientos

Esta semana tengo que ir rapidito, rapidito porque tengo mucho que hacer. Y puede que ese sea mi primer agradecimiento:

  1. Agradezco que estas semanas tengo mucho que hacer en el trabajo. Cuando una está ocupada tiene menos tiempo para comerse el tarro y se concentra en lo esencial: donde va a dormir, si los Supernenes están colocados en algún sitio y si andas al día con el blog y con todos los grupos de fotos…
  2. El segundo punto bueno es que me he librado de una huelga de pilotos de avión por un pelo… probablemente pueda cumplir todos mis compromisos laborales esta semana (siempre que no haga huelga el tren).
  3. Y me he dejado lo mejor para lo último: poder quedar con una amiga en Berlín, que siempre es un lujazo y más lujazo todavía cuando la amiga es de Málaga y se están helando de frío. Qué bien que me lo he pasado, qué bien poder charlar en un rato sin preocuparme de si está bien lo que estoy tratando de decir y qué pena que no nos ha dado el rato para más…
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Ni velas de Adviento he comprado, velas de las normalitas y vamos que chutamos…

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Termina una nueva semana. Mi amiga Marina Allas hace un tiempo que me retó por Facebook para decir durante unos cuántos días cosas buenas y positivas que me pasaran en ese día. Le dije que ya había tenido un reto parecido en Facebook hace poco tiempo, que me había parecido bastante curativo y que interpretaría el reto a mi manera… Marinita, espero que te guste esta manera de hacerlo:

1/ Los domingos han sido este año los peores días de la semana. El poco equilibrio mental que había conseguido recuperar el sábado se me venía abajo al comprender que tenía que volver a la oficina al día siguiente. La parálisis que me provocaba era evidente. Así que agradezco esto, agradezco estar simplemente un domingo aquí, de buen humor, escribiendo un par de cosas en el blog y preparando las cosas que tengo que terminar hoy y que poner en marcha para el resto de la semana.

2/ Me encanta haber tenido una idea genial para quitar el visillo feo provisional (tan feo no es, pero es que no pega ni con cola) que tengo en estos momentos en la ventana del cuarto y que creo que tenemos que reponer. SM dice que nos va a quitar mucha luz, pero he contestado que es mejor que lo que hay y que si no le gusta ya sabe lo que toca: llevarme a comprar cortinas en condiciones…

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El visillito provisional… lleva seis meses ahí plantado.

 

3/ He formateado un pincho USB que tengo que tirar a la basura porque a veces falla… Os parecerá una chorrada pero me encanta comprobar que estas son cosas que no se olvidan, como montar en bicicleta…

Hasta el Domingo que viene