La semana de mama: Paris, entrevista, vacaciones y nueva madre

SB: Han pasado un montón de cosas en la última semana.

SG: A mamá no le hemos visto practicamente el pelo la semana pasada…

SB: Estuvo en Francia, que es un país que está al lado del Alemania y tiene Eurodisney… nosotros también hemos estado allí.

SG: Pero mamá no ha ido a divertirse, ha ido a trabajar.

SB: Sí, es cierto que está trabajando bastante pero dice que es el último esfuercillo antes de vacaciones.

SG: Pero vaya esfuercillo: viaje, entrevista de trabajo, cerrar proyectos con los clientes…

SB: En las últimas semanas no paramos quietos.

SG: Y encima está cambiando de vida: deporte, meditación…

SB: Hay que ver lo que estresa llevar una vida sana.

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Olemos a playa ya…

SG: Pero vamos, dice que aquello que consigues hacer durante más de 21 días se convierte en una rutina y eso es en lo que va a ocuparse este verano.

SB: Y en escribir para nosotros.

SG: Y para eso ha dicho que no vamos a tener acceso ni a Whassapp, ni a Tweeter, ni a Facebook, ni a nada de nada.

SB: Solamente sol, playa y procesador de textos.

SG: Así que dice mamá que lo que se quede programado y lo que podamos hacer en los días en que tenemos conexión en casa de los abuelos, se publicará, pero probablemente hacemos una pausa en nuestras aventuras por unas semanas.

SB: Porque nosotros también tenemos derecho a vacaciones.

SG: Bueno, tú tienes que hacer también algunos ejercicios pero dicen los padres que es porque en el curso no has hecho demasiado…

SB: Sí que he hecho jolines, es solamente que es tan difícil concentrarse…

SG: Pues eso, contigo trabajaremos la concentración y yo les he pedido que me compren cuadernos de ejercicios a mí también porque me gusta.

SB: Jo, sólo quieres destacar…

SG: Ya lo has oído, diez minutos cada día estos 21 días y hacemos de ello una rutina… ¡Feliz verano a todos!

SB: Yupiiiiiii

Padres que no pueden soportar a sus hijos

Llega el verano y las vacaciones escolares. En España ya lleváis unas semanas disfrutándolas. A mí me quedan aún un par de ellas para tener a los dos Supernenes en casa. Y puede que sea una loca confesa, pero estoy muy contenta por ello. Contenta de que se acabe el curso, las presiones, de tener tiempo en casa para disfrutar con mis hijos, de poder irme a la playa con ellos… Juzgando por lo que se lee en la blogosfera, soy una rara avis. Las madres y padres que nos alegramos de las vacaciones, somos los menos.

 

Verano chiste Faro

El chiste me ha llegado circulando por la red, pero la fuente original de la ilustración es http://www.e-faro.info

 

Ha sido una amiga mía, maestra y blogger también, la que comentaba el otro día con nosotros cómo le pone nerviosa por estas fechas la cantidad de padres que ya no es que parezcan desbordados por las vacaciones que se acercan, sino que se quejan de tener que convivir con sus hijos durante más de dos días seguidos. La primera situación dentro de lo que cabe, es normal, si resulta que tienes niños pequeños y una jornada laboral completa y no tienes donde dejarlos en esos momentos: soy madre trabajadora y he vivido esa tesitura, sé el dolor de cabeza que cuesta organizar un verano para que tus hijos estén bien atendidos y cuidados… no, no es a esto a lo que me refiero. Os puedo asegurar que te pasa incluso teniendo un sistema muy eficaz de cuidado fuera de las horas de escuela como el que tienen en Sajonia, o críos algo más grandes como son los míos en este momento.

Tampoco me estoy refiriendo a los momentos chiste o de desazón que tenemos todas (estoy pensando en el Club de las Malas Madres, que es el último lugar donde he leído lamentos variados y en masa por las vacaciones y mira, justamente cuando voy a poner el enlace me doy cuenta de que hace poco han hablado de un tema parecido). Todas tenemos esos cinco minutos secretos en el día en que nos arrepentimos mogollón de haber sido madres y ese momento en que damos gracias a quien nos corresponda en la lista de creencias porque no hay una lámpara de Aladino con tres deseos (ya que habríamos usado uno para borrar a nuestros retoños del mapa). Todas necesitamos una hora o dos de olvidarnos de que somos madres y nos la merecemos de cuando en cuando. No, la frustración es humana y normal, los niños son niños y hay ratitos en que les mandaríamos solos al fresco. La buena noticia es que según van siendo más mayores, ¡es posible hacerlo! Y creedme que eso facilita mucho la paz y la armonía familiar (pero ese es otro tema en el que no voy a meterme ahora).

No, estoy hablando de algo más profundo, de gente que parece haber tenido hijos porque “tocaba” y se dedica a ir dejándolos aparcados según corresponda la temporada: en invierno en clase, en verano en la animación del hotel. En las últimas vacaciones en Mallorca, viví como dos señoras delante de mí le decían literalmente a la de la recepción que les “habían arruinado las vacaciones” porque la animación infantil cerraba una hora al día para comer. Cuando me tocó el turno y comenté con la muchacha que me parecía una exageración, me confesó que era muy frecuente, demasiado frecuente en los últimos años. Lo cuál choca más porque estamos en una época en que tener hijos tendría que ser una actividad completamente voluntaria…

Como madre, intento no juzgar las circunstancias de los demás porque ya tengo bastante con las mías propias. Intento pensar que esta gente tiene poco tiempo para estar con sus parejas en sus vidas normales, no sé, intento buscar explicaciones lógicas para que alguien pueda considerar su vida arruinada por tener que pasar una o dos horas al día con sus hijos en vacaciones. Pero rodeada como estoy por amistades que ejercen como maestras, educadoras infantiles y profesor@s de instituto, sé que hay muchos casos en que no ocurre así. En que sencillamente cada hora de menos pasada con sus hijos es una hora ganada al día. Y si me meto en ello y me preocupa es porque por mucho que hablemos de las horas de “calidad” pasadas con nuestros retoños, realmente la mejor educación que les podemos dar es la basada en el ejemplo y en el cariño. Para eso, se necesita contacto con ellos. Contacto cuando estás tú también en lo mejor. Dejamos el cuidado de nuestros hijos en manos ajenas y luego nos asombramos cuando hay unos adolescentes delante de nosotros, a los que no reconocemos y de los que no sabemos absolutamente nada.

Para mí, tener a mis hijos cerca en verano, cuando no estamos presionados por un horario que nos constriñe y nos hace perder los nervios y la calma; cuando podemos permitirnos esa media hora más en la cama achuchándonos, o ese desayuno interminable viendo una película; cuando los días son largos y abrimos y cerramos las playas; cuando no tengo que decir que no a un helado o a un refresco porque se han pasado todo el día corriendo y jugando en lugar de estar atados a un pupitre, para mí estas cosas pertenecen a los mayores placeres y las mayores satisfacciones que puedo vivir. Lo hago sin sacrificio y me carga a mí también las pilas de cara al invierno en el que tengo que ser a veces también madre gruñona y desagradable. Desgraciadamente, también puedo empezar a dar fe de aquello de que la infancia es una época que se pasa demasiado pronto. Hay que aprovecharla mientras se puede porque vuelan cada vez más temprano.

La semana de mama: De vuelta a casa

SB: Nos habíamos quedado en el momento en que las dos Superabuelas nos alimentaban a base de bien…

SG: Cada una a su modo y su estilo, eso sí…

SB: Paellita, macarrones con chorizo… vamos cosas buenas y nutritivas…

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Familia es… cuando hay paella hasta para invitar a las gambas a comer contigo.

SG: Lo que no entiendo es como con semejantes festines pretenden que el pobre Supergüelo se controle… Menos mal que todo al final salió bien

SB: A Supergüelo le han dado la condicional, aunque continúa teniendo que tomar veinte pastillitas de colores el pobre. Pero al menos no se ha muerto.

SG: Hombre, creo que lo de mandarle un vídeo con ese mensaje a la UVI no fue demasiado afortunado, pero vamos, como eres un crío te lo pasaron…

SB: Mira tú la mayor…

SG: En fin, que la vuelta a casa ha sido dura.

SB: Para todos menos para papá… papá siempre es feliz…

SG: Pero mamá lleva una semana quejándose de que esto parece otra vez el invierno y que no hace más que toser…

SB: Y tú te quejas de que no puedes quedarte en casa sola y tienes que ir a los campamentos urbanos…

SG: ¡Es que soy casi la única de la cuarta clase que está allí! Y no te quejes que tú te quejas de tener que hacer los deberes todos los días, que en España te escaqueabas dos de cada tres.

SB: Vamos, que vuelta a la rutina:

Recoge esa ropa, ese albornoz anda por el medio, si no os coméis ahora el desayuno es que no váis a llegar, pero como es que no os habeís vestido todavía…

SG: Mamá dice que si fuera posible patentar esas frases, la madre de todas las madres se hubiera hecho millonaria…

SB: Que esté atenta, porque últimamente parece que empieza a permitir patentar o ponerle copyright a casi todo.

SG: ¡Bah! no sirve de mucho. Al final, al que le da la gana, va a piratear igual.

La semana de mama: Vacaciones

SB: La que se ha montado… Han tirado un avión de pasajeros con un cohete… Pero ya lo podían haber hecho menos cerca del día que nos tenemos que ir nosotros en avión…

SG: No seas animal, hombre… además dice mamá que cuando los aviones se caen, lo mejor que podrían hacer los medios es estarse calladitos hasta que apareciesen las cajas negras…

SB: Si yo más que nada estaba pensando en ella, con lo miedica que es con eso del vuelo… Porque lo cierto es que en los periódicos aprovechan este tipo de cosas para sacar hasta el último pato que se ha caído del aire durante el vuelo…

SG: Parece que no le ha afectado mucho, ya la has visto esta mañana con el periódico, meneando la cabeza de un lado para otro y diciendo…

cada vez peor, parece que en estos casos a todos nos abandona la percepción estadística, sencillamente…

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Nos vamos a remojar…

SB: Pero vamos a dejarnos de dramas, ¡que hoy es el último día de cole!

SG: No sé, ¿no te parece un poco raro que nosotros andemos aquí, haciendo maletas y pensando en vacaciones mientras otros niños están en guerra, no tienen casa o no tienen qué comer

SB: Pues, estoooo, sí, si es raro, pero es que prefiero no lo entiendo y me pongo triste si pienso en ello…

SG: Ayer mismo me decía mamá que no hay que pensar en cosas que nos pongan tristes..

SB: Es que menudo drama que montaste a las diez de la noche, llorando a todo volúmen por el pasillo…

SG:… es que, es que… es mi último día en el cole y me pongo tristeeee…

SB: No, por favor, otra hora de llanto, otra vez no…

SG: Vamos a pensar entonces en la playa, aunque en cierto modo me siento como si estuviera haciendo trampas.

SB: Jo, tanto tiempo sin ordenador…

SG: Y sin conexión a internet…

SB: Y sin tele, que este año vamos con papá y mamá y seguro que tampoco nos dejan verla… Me están entrando ganas de llorar a mí también…

SG: Mejor vamos a cerrar la maleta y aprovechar para “jugar computer” un rato… No nos pongamos tristes que enseguida volvemos.

Paris: aprovecha el buen tiempo

Bueno, pues hemos tardado en ponernos a ello, pero ya tenemos viaje en Superfamilia para este mes. Entiendo que para mucha gente, el verano es el momento de ir a la playa pero yo reconozco que desde que me marché de España en verano voy “obligada” porque:

  1. todo el mundo decide ir también por estas fechas con lo cuál no hay paz, ni tranquilidad que valga (con lo bien que se está en Octubre, con todo el mar para tí solito).
  2. hace un calor que te mueres, y aquí en centroeuropa sin embargo el tiempo suele ser bueno (llevamos tres días de lluvias, espero que no sea por llevar la contraria).

 

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Aquí no hay playa, pero la silueta de la ciudad es inconfundible…

 

Así que traigo un destino europeo que no muere nunca y que siempre presenta alguna novedad para ver, no importa todas las veces que vuelvas. La Superfamilia estuvo en París en el mes de Febrero… Y tuvimos una suerte increíble porque nos hizo un tiempo de escándalo para la época. Pero en realidad, el mejor momento para ir a la ciudad de la Luz sigue siendo el verano: aunque esté lleno de turistas hasta en la sopa, siempre te arriesgas menos con el clima (el secreto mejor guardado de los parisinos es que tienen más precipitaciones en media que los londinenses).

 

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Mejor dejarse el coche en casa, especialmente si se quiere uno ubicar en el centro… No hay ninguna casa en la almendra central de la ciudad que no tenga una boca de metro a menos de medio kilómetro…

 

Eso sí, en Febrero se pueden encontrar ubicaciones céntricas a precios muy moderados, y ya que los Supernenes se habían ganado a pulso el ir por fin a Disneylandia (destino que pondremos también aquí cuando llegue su momento), decidimos ampliar la visita para que, al menos, descubrieran un mínimo de lo que hay que descubrir en París…

 

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Haciendo el turista por París, de izquierda a derecha: SM, SW, SG y SB.

 

Lo mejor que tienen los franceses, sin lugar a duda, es que saben como comer… Solamente con la “baguette” y el “fromage” hubieramos podido sobrevivir, cambiando tipos de cuando en cuando un buen periodo de tiempo. No es una excepción, en pocos metros a la redonda de nuestro alojamiento había seis panaderías, cuatro tiendas de charcutería y dos de vinos. Todo bueno y a un precio razonable (para nosotros que estamos acostumbrados a lo que comen los alemanes).

 

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Aunque es una ciudad que da para todo el tiempo que quieras quedarte en ella, en realidad lo “esencial” de París (y me refiero con ello a la parte más turística y a los principales monumentos) se puede ver en dos días si vas sin niños y tres si vas con ellos… En general es una ciudad segura, pero hay que tener ojo con bandas organizadas de carteristas y rateros. Cuando nosotros fuimos, se intentaban acercar con una especie de petición en la mano, como si estuvieran pidiendo firmas. También estaban en los alrededores de la estación de Marne-la-Vallèe. Pero con un poco de precaución normal y teniendo un ojo a la cartera y a las cosas de valor, prueba superada.

 

A nosotros en tres días nos dió tiempo para casi todo:

  • El barrio de la Defensa, donde hay un par de centros comerciales en los que se puede comer a precios no turísticos:
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Ahora vamos a caminar hasta aquel arco que se ve a lo lejos… NOOOOOOOOOO (al final, por supuesto, tomamos el metro).

 

  • Los Campos Eliseos, con sus tiendas de lujo y el centro Renault, interesante de ver especialmente para los amantes del motor:

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  • Y entre tienda y tienda hubo tiempo para el deporte urbano por excelencia, la persecución de palomas… algo ideal para que los peques se aireen entre tanto monumento:
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Por arriesgado que parezca para los pobres animalitos, hasta ahora siempre han sido más rápidos que los dos niños…

  • La rivera del Sena:

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  • Y todas las maravillas del centro de París, sean históricas o ultramodernas:

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Para los peques sin duda lo “menos aburrido” (teniendo en cuenta que salían directos de donde salían, sabíamos que poco les podía impresionar… Para los que se lo puedan permitir, mejor dejar Disney para el final de la ruta si cuadra) fue la torre Eiffel. La torre tiene una altura de 300 metros y es prima hermana de nuestra “maravilla azul”. Es posible subir el primer tramo por las escaleras, que además de ser sano tiene un precio más reducido. Las vistas son igual de impresionantes que desde la parte de arriba y la claustrofobia turística es menor.

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Buscar una toma original de esta torre es imposible, creo…

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670 escalones… ese día hicimos ejercicio de piernas, aparte del paseo…

Y por supuesto el barrio de Montmatre, que es una trampa turística a más no poder, pero al que siempre termino encontrándole rincones especiales y detalles que lo hacen tener encanto a ojos del que lo visita:

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Lo mejor en este barrio es dejarse llevar por los sentidos, por la música, por las pinturas de los artistas callejeros… me lo llevaría todo a casa si pudiera:

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Música de arpa en las escaleras del Sacre Coure… deseando que los Supernenes vuelvan a ver Amelie y hagan la conexión mental.

 

Para mí lo mejor de todo es que, ¡por fin! pude ver mi cuadro favorito en vivo y en directo… poca gente se ha quedado dos veces en la puerta del Museo compuesta y sin entrada. Pero la perseverancia es una de mis mejores facetas. Puedo tardar doce meses en actualizar un post, pero cuando digo que lo hago, lo hago…

 

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Señores del Museo de Orsay: qué gran acierto poner este sofá tan cómodo donde puede abandonar un rato a toda mi familia para sumergirme en el mundo de los impresionistas… se lo agradeceré eternamente.

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Lo dicho, una ciudad con muchas facetas, que innova y fascina sin dejar de perder su encanto histórico. Un destino perfecto, y no únicamente para los enamorados…

 

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El amor no conocer fronteras, ni límites…

La semana de mama: Yuhuuuuuu

SB: Hoy solamente un post cortito…

SG: Para contaros que mamá ha sobrevivido, con todos sus nervios y al final la cosa ha salido muy bien…

SB: Bueno, dice que ha estado una semana manteniéndose a base de café y adrenalina…

SG:… y que la auditoría nocturna al final la dejó con casi más jet lag que cuando volaba a Japón…

SB: Pero es que ha sido mala idea que le haya coincidido un pedazo catarro con la única noche en que solamente podía dormir cuatro horas…

SG: Y se las pasase despierta tosiendo.

SB: Y que a la mañana siguiente empezase otra vez la fiesta a las ocho y media…

SG: Pero da igual, pasado, terminado, ha salido bien y ahora nos vamos de fin de semana con mi clase para celebrarlo… es hora de una “relaxing cup”, mamá.

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A relaxing cup de café con leche… o white coffee/latte, si quieres que te entiendan los ingleses…

SB: Y ahora mamá, a relajarse…

SG: Y a preparar las maletas, que estamos a menos de un mes de volver a pisar España…