Levantarse 101

Sé que este blog nunca va a ganar un premio a la regularidad, pero lo cierto es que hay momentos que me pierdo del todo. A pesar de que me encanta compartir cosas en este espacio, de que hay mil ideas que contar, muchas ideas que me encantaría compartir, ocurre lo mismo de siempre. Me vence la rutina, el fluir de la vida: estoy demasiado cansada, hay una comida por hacer, los Supernenes necesitan urgentemente una madre o SM pide algo de atención… Es el río que nos lleva.

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Por fortuna vengo de una familia en que me han enseñado a trabajar duro, a que si tengo algo en mente tengo que seguir trabajando e intentándolo todas las veces que sea necesario. No me tengo que agobiar y estresar por las veces que he caído. Simplemente tengo que seguir intentándolo hasta que consiga ponerme de nuevo en pie y poner en marcha aquello que me propongo. Y realizar los cambios que sean necesarios para intentar que la cosa funcione.

He vuelto. Lo importante en esta vida no es caer cien veces, lo que importa es levantarse la ciento uno.

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Fecha de caducidad

Una persona a la que conozco únicamente por este medio virtual, pero de la que tengo muy elevada opinión, comentaba el otro día en una entrevista de radio (ella es artista, para más señas, cantante) que en ciertas facetas de su profesión había una fecha de caducidad. Aunque el comentarista de la radio, muy galante él, enseguida le dijo que era muy jóven para decir esas cosas, yo creo que tiene toda la razón del mundo. Hay cosas en esta vida que evolucionan, caducan…

Mi amiga concretamente se refería a que había sido vocalista de orquesta y para eso, a determinada edad, “te haces mayor”. Y me lo puedo imaginar perfectamente: con veinte años te da el cuerpo para muchas noches sin dormir. O durmiendo de mala manera en un asiento de furgoneta y no te importa compaginar los bolos con otra profesión diaria (porque si no probablemente no podrías vivir únicamente de eso). Pero llega un momento en la vida en que el cuerpo (y esto ocurre tengas hijos o no), te pide dejar la samba, una cama por las noches y no perdonar ni una preciosa hora de sueño nocturno.

Como ejemplo notable, este mes mismo nos ha caducado un rey y en vista de cómo se le veía en las últimas apariciones públicas, me parece normal que haga mutis por el foro (aunque todos nos imaginamos que los motivos reales han sido otros). Sin entrar en discusión sobre si se debe de perpetuar la monarquía o no, yo veo normal que a partir de ciertas edades a la gente le sea posible bajar el ritmo de actuación y un debate que me interesa aún más que el del referendum, es si lo de alargar la edad de jubilación hasta hitos impensables de verdad es practicable. Incluso para un trabajo como el de Rey, puramente de oficina y en el que no hay que doblar el espinazo, ya hemos visto que hay fecha de caducidad. Me gustaría saber qué van a hacer con los albañiles a partir de los cincuenta años…

Puede que también la Monarquía, como institución, esté pasando de su fecha de caducidad en España. Pero no es de esa la caducidad de la que quería hablaros. Lo de hoy va más en plan de crecimiento personal. De esas veces en que a pesar de que eres consciente de que todavía podrías, física y psíquicamente, desarrollar una cierta profesión o mantener una cierta relación con alguien, simplemente no te apetece seguir haciéndolo. Digamos que no es el trabajo, la persona o la situación la mayoría de las veces lo que ha cambiado, sino que eres tú la que de repente te encuentras conque has crecido y tienes otras expectativas: cuando era becaria precaria en la Facultad, lo de quedarme hasta las tantas en un laboratorio para aprovechar que los experimentos funcionaban, tenía hasta un cierto sex-appeal. Un morbo que desapareció enseguida cuando me quedé embarazada. Todo lo que me apetecía era quedarme en casa con porque sabía que mis hijos me necesitaban en ese momento. Cuando pasó esta etapa, cuando mis hijos pasaban ya más tiempo en la guardería que conmigo, lo que quería era salir de casa y trabajar, cuanto antes mejor. Y me lamentaba porque tal vez por la decision de quedarme anteriormente en casa había dejado pasar ciertas oportunidades que no iban a volver jamás. Y ahora, después de haber vuelto y haberme establecido de nuevo en el mercado laboral, no estoy segura de si ese sentimiento ha caducado también. Siento que necesito volver a equilibrar lo que doy en el trabajo actualmente con lo que doy dentro de casa.

Y me doy cuenta de que tal vez ser feliz en la vida consiste en aceptar esas pequeñas caducidades y no sentirse vacío y frustrado porque después de un largo tiempo corriendo y luchando hacia una meta, de repente al llegar te das cuenta de que no es ese tu destino en el momento actual.

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La vida consiste en ir abriendo puertas y descubrir lo que nos atrae al otro lado…

Este es el post número 100

Vale que parte de ellos son esos post privados con fotos y que si alguien no se lleva el premio a la regularidad de este año somos nosotros… pero me he dado cuenta y me ha apetecido celebrarlo de forma especial. Así que he recuperado un reto que se me pasó hace poco en uno de mis grupos de fotografía, para el que tenía ya la idea pero la acabé dejando pasar por procrastinadora…
100_posts

 

Han sido cien post preciosos, podrían ser cien más si tuviera tiempo para todo lo que quiero hacer en esta vida… pero mira, lo importante es no dejarlo, seguir publicando. A lo mejor caen otras cien entradas más. Seguiremos con mis neuras en los días tres, con los lunes musicales, con el lema mensual, con el diario de los Supernenes algún que otro viernes y puede que algún día lleguemos a contar nuestros viajes, esas recetas vegetarianas que os prometo y nuestras aventuras domésticas con un poco más de ritmillo. Hay que caminar.

 

A los que estáis al otro lado, cien veces gracias. Estáis invitados a un trago, yo sin alcohol, que estoy sola con los Supernenes…