Disfraz de Anna de Frozen (casi sin costura)

Las que nos sigan por Facebook o últimamente por Twitter ya saben que teníamos un pequeño problema con el disfraz de carnaval. O más bien un gran problema con empresas como Disney, que no tienen en cuenta que algunas niñas de once años siguen siendo niñas y no deséan todavía entrar en el fascinante mundo del High School Musical o Violetta, sino seguir siendo crías y jugar a las princesas. Alguna amiga de SG lo tiene fácil, porque es de las menuditas de tamaño y aún le valen los disfraces que se le van quedando pequeños a la mía. Pero a ella, con su metro cincuenta y su envergadura no ha había manera de encontrarle lo que quería que era un disfraz de Anna de Frozen en su talla.

Como yo no se coser, la idea de hacerle el disfraz yo misma también parecía vetada en nuestras posibilidades. Tengo dos manos izquierdas, de eso se coscó mi Superabueli cuando intentó ponerme la primera vez aguja e hilo en la mano. Con lo que no contaba la mujer es conque las ciencias adelantan que es una barbaridad y conque yo no me rindo ante nada y tengo casi tantos recursos como el equipo de ingenieros del Apolo XXIII (siempre me ha molado esa escena, para los cinéfilos que me lean). El resultado ha sido este:

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For the first time in forever…

 

Aún falta unir el cuerpo con la falda, para darle algo más de forma, pero no hemos podido esperar para verlo estrenado, ni la madre, ni la hija… El disfraz también presenta una ventaja, que se lo ha hecho ella en gran parte, con lo cuál creo que lo va a apreciar más que el disfraz de Frankie Stein que le compramos el año pasado, que no ha vuelto ni a mirarlo desde que lo sacó de la caja…

Y ahora, la explicación de cómo nos lo hemos montado.

Se necesita: una camiseta negra de tirantes, una falda de vuelo verde clara de los chinos, galón para las tiras de la falda (la distancia depende del número de tiras y el largo de la falda), cinta de raso verde muy ancha para las hombreras, fieltro o pinturas de tela para los apliques, cinta de unión sin costura con plancha (en IKEA, apartado cortinas o una buena mercería), aguja, hilo negro y del color de la falda, alfileres para sujetar, un buen par de tijeras que corten.

 

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Los materiales

 

Lo primero que hemos hecho es marcar la forma de la camiseta como si fuera un corpiño: hay que doblar la camiseta a lo largo e intentar que el centro acabe en pico y la parte inferior quede con forma de rombo. Cuando estemos satisfechos con la forma más o menos, introducir en el doblez la cinta sin costura y fijarla con alfileres para que no se mueva.

 

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La cinta sin costura es esa especie de malla transparente que se ve: se coloca entre las dos superficies a unir y se plancha… y da bastante el pego.

 

Cortamos el galón en las tiras que vayamos a poner en la falda. Después cortamos la cinta sin costura para que se adapte lo más posible al galón, dejando un centímetro libre más o menos a cada lado. Se fija con alfileres también y en un segundo paso se fija a la falda…

 

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Colocando las tiras en la falda, recomiendo hacerlo en estos dos pasos: primero sujetar el galón a la cinta sin costura…

 

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… y luego unir a la falda.

 

En este punto estamos ya listos para planchar la cinta sin costura si se va a hacer el dibujo con pinturas. La cinta se plancha despacio, a plancha no muy caliente pero dejando suficiente tiempo para que se unan los dos trozos de la tela. Con la aguja y el hilo se pueden reforzar los galones en los extremos (peor que coso yo no cose nadie, se trata de darle un par de puntadas para darle mayor posibilidad se supervivencia al vestido). El lazo verde de los hombros también es mejor coserlo a mano si te sientes capacitada, pero estoy segura de que también es posible apañarlo con cinta.

Por último, el aplique en el pecho del vestido. Yo pinto con una curiosa mezcla de estilos entre Miró y lo que eran capaces de hacer los Supernenes con dos años. Así que había pensado en calcarlo como pudiera y rellenarlo, pero la amiga de SG que estaba en casa tiene un talento natural y nos ha dicho que ella lo hacía. Y lo ha hecho. Además, ¡a mano alzada!

 

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Todavía alucinando con la niña pintora…

Por último unir la camiseta con la falda usando la cinta sin costura. Es fácil y relativamente rápido. Total, si te pones a ello sin interrupciones, en un par de horas lo tienes listo y arregladito.

 

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Señores de Disney: mi hija es todavía una niña a pesar del tamaño. A buenas horas me había metido yo a esto si lo hubiéramos podido comprar, pero desde luego, por mí no quedará que mi hija tenga buenas memorias de lo que le queda de infancia que son dos telediarios…

 

 

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Tradiciones de Adviento

Lo bueno de ser una familia internacional y marchosa es que normalmente nos apuntamos hasta a un bombardeo aéreo. Quiero decir, que vamos recogiendo tradiciones de todas las culturas en que nos ha tocado vivir, las adaptamos y las vamos celebrando año tras año: las Navidades tradicionales españolas, San Patricio, Halloween, la Golden Week, el conejo de Pascua alemán… nos vale todo.

Y aunque soy el grinch que se comió las Fiestas, he de reconocer que lo soy únicamente para algunos aspectos de ellas. Las tradiciones, las cosas hechas a mano y las reuniones familiares en torno a una mesa siempre serán bienvenidas en este blog. Así que he decidido juntar un post de actividades y uno de cocina este mes, y darle la bienvenida al Adviento en la Supercasa.

 

• La procesión de San Martín
El 11 de Noviembre es la primera de las fiestas “pre-navideñas” que empiezan a abrir boca para el plato principal. La procesión de farolillos de San Martín se realiza cuando se ha ocultado el sol en el día de San Martín. Los peques hacen sus propios farolillos, en papel, cartón o con tarros viejos de mermelada y salen con ellos en procesión, sujetos en palos de madera o plástico. Si eres una madre ocupada, en realidad les compras el farol. Y si eres una madre malísima como yo, dejas que se lo hagan ellos completamente solos (vale que los primeros años se pasa mucha vergüenza, pero al final los Supernenes son los Reyes del Bricomania entre sus coetáneos). Ayer mismo empezamos nosotros con el farol pirata (SG ya pasa), si publico antes de que esté terminado, actualizaré el post.

 

• Apertura del Striezelmarkt
Otra tradición importante en la Aldeíta es la apertura del Mercadillo de Navidad. Llueva, nieve, haga frío o calor (normalmente de esto último aquí en diciembre, más bien poco), el viernes anterior al primer fin de semana de Adviento se abren las puertas. No me voy a extender mucho sobre el tema porque si el mes que viene hay tiempo, haremos un viaje por los Mercados de Navidad alemanes con más encanto (y que más cerca me pillan, para que negarlo). Pero si a alguna se le ocurre venir por el puente de Diciembre, que piense en vestirse como para una expedición al Polo. Puede que no haga falta, pero por si acaso.

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“Si pido un vino caliente más, si pido otro vino, al suelo me voy a caer…” así que mejor que darse al vino caliente, abrigarse o pasarse al ponche infantil

 

• Calendarios de Adviento
Una de las tradiciones alemanas que ya he visto empezar a popularizarse en España (cortesía de los supermercados de bajo precio que hemos importado) es el calendario de adviento. Normalmente se trata de un cartoncito o similar con veinticuatro ventanas en el cuál se esconden regalitos simbólicos o dibujos para hacer la espera hasta el día de Navidad más llevadera.

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Uno de estos calendarios super cuqui… no es mío, he robado la foto en casa de una amiga…

 

¿Variantes? Las que se os ocurra, vuestra imaginación, vuestro presupuesto y vuestra postura ante la vida son el límite. Hay calendarios muy cuqui, para adultos y para niños con regalazos para toda la etapa de Adviento. Y si te gusta alguna actividad en concreto, como la fotografía o bloggear, también puedes animarte a hacer un simbólico calendario de adviento a base de post o fotos.

 

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Día a día una nueva ventana…

Nosotros tenemos un calendario de tela reutilizable y he pasado por varias etapas: la de ponerles realmente todos los días un dulce o un pequeño obsequio, la de repartir las piezas de un puzle entre los 24 bolsillos para que lo terminaran antes de Navidad y desde hace un par de años, lo que nos “regalamos” todos simbólicamente es hacer algo especial ese día todos juntos: hornear galletas, ver una peli de Navidad… Sí, los Supernenes me dicen que ponga que ellos preferiría mil veces el de chocolates que tienen sus amigos, pero sé que dentro de treinta anyos se les caerán los lagrimones gordos cuando saquen su calendario del trastero y nos recuerden.

• … Una lucecita brilla…
O eso dice la coplilla alemana popular: los domingos de Adviento se enciende la corona de velas. Hay cuatro y se van encendiendo progresivamente, el primer domingo solamente una, el segundo dos… Como en el caso de los calendarios de Adviento, hay cosas preparadas que son dignas de verse, pero en los últimos años he preferido reciclar velas y ponerles un adornito de hojas de abeto natural, que es algo que se pone también a la venta por estas fechas y al menos le da a la casa un olor a fresco. Importante no dejar nunca las velas encendidas y desatendidas, especialmente si vuestros Supernenes son menores, yo le quemé un cuarto a mi madre en un descuido con una caja de cerillas, con eso os lo he dicho todo (salvo que la culpa la tuvo Superbro que parecía que le cargaba las ideas el mismo diablo, yo era una santa).

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Advent, Advent ein Lichtein brennt…

 

• Galletas de Adviento

Es tiempo de hornear. Te guste o no, en Navidades se mete uno en la cocina y hace galletas. ¿Qué no has hecho galletas caseras en tu vida? No importa, compras masa hecha o un paquete de estos que se mezclan con un huevo y leche y listo. No, no te preocupes que no te pienso dejar sola ante el peligro después de darte este disgusto. Las recetas de galletas de Navidad que podrían hacer hasta los Supernenes solos seguirán en un post pronto…

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Tengo que hacer dos bandejas de estas para el fin de semana.

 

• El Nikolaus

Si nosotros estamos divididos entre Papá Noel y los Reyes Magos a la hora de recibir los regalos, los peques alemanes tienen el mismo problema con el Nino Jesús (que es el que los trae el día 24 para los católicos) y Santa Claus (que es el que suele venir a las casas protestantes). Pero todos ellos, incluso los niños ateos como los Supernenes, reciben la visita del Nikolaus (equivalente al Sinterklass holandés, lo que me lleva a pensar que en realidad son diferentes alias del hombre de la barba blanca, que parece que como su homónimo jovenzuelo español se colaba en su tiempo en todas las fiestas). El personaje está basado en el Obispo San Nicolás de Bari, del que cuenta la leyenda que salvó la honra de unas muchachas echando por su ventana zapatos rellenos de oro. En Alemania esa noche se lustran los zapatos y se dejan para el Nikolaus, que los llenaba tradicionalmente de naranjas y nueces. Como los niños de hoy en día están más asilvestrados y te pueden tirar las nueces directamente a la cabeza les ponen regalos y chocolates. Salvo en mi casa, donde sigue trayendo nueces y mandarinas (y algún chocolate para que a la mañana siguiente no se piensen en el cole que somos refugiados).

Hacerse adulto

Desde el susto que nos dimos el verano pasado (SG se hizo una herida tirándose a la piscina y manchó un poco la braguita… y casi nos da un ataque pensando que podía ser ya la primera regla y estábamos completamente en bragas nosotros también: no le habíamos contado ninguna de las verdades de la vida, ni nosotros, ni en el colegio) llevo buscando un libro que me permitiera hablar con mis hijos sobre el tema de los cambios que van a producirse dentro de poco en sus cuerpos.

Y no podéis imaginar lo difícil que me ha resultado. Casi un año buscando, porque lo único que encontraba eran manuales basados en el sexo (que no me entendáis mal, me parece mal que los adolescentes aprendan cosas sobre el tema, pero no era eso lo que estaba buscando). Lo que yo quería era una explicación sobre todo, todo, todo lo que ocurre en este periodo y a ser posible:

Como suponéis, si estoy hablando de ello es porque al fin lo encontré: la pena es que es en alemán y lo bueno es que está escrito de una manera divertida, y fresca, muy fresca (aunque únicamente sea por la cantidad de fruta y verdura que han usado para las ingeniosas ilustraciones (todo explicado a base de plantas, verduras y objetos del día a día). El libro se llama “Kriegen das eigentlich alle?”, (traducido libremente, “¿De verdad les pasa esto a todos?”).

El libro lo hemos sacado de la Biblioteca hace un mes y ha cumplido con creces su cometido. Lo queríamos en principio sobre todo para la mayor, ya que entra estadísticamente dentro de lo posible que le toque pronto, pero hasta el peque ha encontrado algunas de las cosas que cuenta muy interesantes. Y lo que es mejor, han decidido volver a sacarlo de la Bibo con sus propios carnets. O sea, que tendremos más aventuras que contar con él en breve.

Regla para principiantes

¿De verdad me juras que va a pasarme ésto?

Y vosotros, ¿algun@ ha recurrido a algún libro en castellano que se pueda comparar a éste y que pueda recomendar también para este tramo de edad? O algún otro formato, como juegos educativos, series… ¿Qué experiencias podéis compartir al respecto?

Detectives de cuadros

Anuncio escuchado en la radio conduciendo esta mañana por una autopista alemana:

“Madre: Hijo, prepárate que nos vamos a un museooo…

Niño: Noooo, no hay algo mejor que hacer?

Estúpida voz en off: Para pasar un día en familia divertido y maravilloso, ven este fin de semana al concesionario de coches tal y tal.”

Me pone de los nervios cuando escucho que los peques hoy en día están muy mal educados y la culpa es de los padres y maestros. La gran mayoría de nosotros nos esforzamos al máximo e intentamos hacer ver a nuestros pequeños la importancia de cultura y educación, por encima de las modas de una sociedad que las desprecia pero a la vez las ve como algo que tendría que venir de serie, como el aire acondicionado en los coches…

Esto viene a cuento porque a principios de Octubre tuvimos un día de fiesta nacional por estos lares. Y me llevé a los peques al Museo. La reacción de SG fue parecida a la del crío del anuncio.  Tuve que prometer por activa y por pasiva que sólo íbamos a ver un par de cuadros y que iba a ser divertido para ellos… Por fortuna (y por el buen arte de la profesora de plástica de SB) a él le teníamos completamente ganado para la causa: han estado estudiando a Vicent van Gogh en clase y lo que él quería en realidad era irse hasta Amsterdam a ver “Starry Night” (todo se andará, hijo, no desesperes).

Pues el caso es que nos hizo un día estupendo y decidímos que la mejor forma de tenerles relajaditos en el Museo era llevarles hasta el centro haciendo un poco de deporte…

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Vuelve a demostrarse que la lenta en esta familia, soy yo…

Es la primera vez que pisamos este Museo en ocho años: la última vez una SG que apenas había aprendido a andar encontró muy divertido correr de sala en sala probando la acústica y el eco de las mismas, mientras dos avergonzados padres primerizos intentaban sacarla de allí y por supuesto, fueron incapaces de apreciar un sólo cuadro…

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Me encantan los museos con publicidad en las paredes…

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¿Tiene todo el mundo su entrada?

Por fortuna esta vez íbamos provistos de una hoja de papel con un par de actividades para que los dos se. La idea la sacamos del Museo del Reloj de Glashütte donde les dan a los que todavía no tienen edad de apreciar el museo en su totalidad una lista de preguntas que tienen que buscar en las salas… Yo tenía muy claro que lo que queríamos era ver el Van Gogh del Museo y, a ser posible, conectar un poquito con los impresionistas (porque me gustan mucho y París está a un tiro de piedra para unas posibles vacaciones pronto). Así que escogí junto con el Van Gogh, las “Muchachas de Tahití” de Gaugin y “Dos bailarinas” de Degas.

Tener a mano un planillo del museo y una idea de hacia donde se va es indispensable: con ellos hay que entrar a tiro practicamente hecho. Una alternativa, en el grupo de edad de los algo mayorcitos como los míos, es que pregunten ellos mismos dónde se encuentra el cuadro.

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Y por fin, manos a la obra con la actividad propuesta…

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No miréis las faltas de ortografía, por favor, o miradlas recordando que la pobre es trilingüe y Supergüeli todavía se asombra de que sea capaz de hablar, leer y escribir…

Para SB, los tres cuadros fueron francamente demasiado. La próxima vez que repitamos, a él le pondremos nada más que uno, que es lo que recomiendo en la franja de edad de los tres a los siete años… en esa edad se les puede dejar también que “dibujen” sus respuestas si todavía no escriben o les cuesta hacerlo con soltura…

Resultado: una mañana divertida y nosotros dos tuvimos tiempo de apreciar algunos cuadros mientras ellos estaban enfrascados en su papelito… Y como postre, había una exposición de un pintor moderno, al que no conocíamos de nada, pero nos gustó:

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