Las madres visibles

Mi ronda de agradecimiento semanal se va para Carolina Bescansa, por hacer algo que no se sale de lo común, ni tendría que haber pasado de la mera anecdota y ha hecho correr ríos de tinta y de opinión.

La maternidad es realmente una carrera de obstáculos. Normalmente estás deprimida, tienes mil cosas que recolocar (la primera de ellas tu organismo) y si además el permiso de maternidad es tan exiguo como lo tenemos resulta que cuando por fin le estás tomando gusto al tema y empiezas a sentirte algo más segura en tu relación con el bebé, toca volver a trabajar. No voy ni siquiera a valorar si ha sido una acción correcta o equivocada, si ha sido un gesto político o le ha salido del cuerpo (sospecho que más esto último, dado que ya ha acudido a otros eventos con el bebé sin que se haya montado tanto revuelo). Reconozcámoslo: muchas de las personas que me están leyendo, agradecerían poder tener la flexibilidad de llevarse a sus hijos al trabajo, de poder llevarse trabajo a casa cuando uno está enfermo, de poder compaginar de alguna manera más a gusto de todos la vida laboral y personal. Y el caso es todavía más claro si están en una edad tan tierna como la que se le adivina al bebé que aparece pixelado en las fotos.

 

Mi pequeña científico dando sus primeros pasos

SG completamente irreconocible (por lo cuál ni la he pixelado) y pasándolo pipa en mi lugar de trabajo…

 

Así que sí, creo que el gesto de Carolina ha sido de agradecer. Y lo ha sido porque todo el mundo está hablando sobre ello. Decía @lamayem hoy que el día en que cada familia pueda hacer lo que quiera con sus hijos (llevarlos al trabajo, llevarlos a la guardería, pedir una excedencia de unos meses o ponerse el mundo por montera y decidir que uno de los miembros de la pareja renuncia a la vida laboral y se queda en casa) sin que la masa enfurecida opine a favor o en contra, ese será el día en que hayamos puesto la pica en Flandes. A veces también me ha dado por ser masa enfurecida. Espero que se entienda que lo que pretendía criticar es la importancia del gesto y no lo que cada cuál haga con su vida. Y agradezco todas las oportunidades que nos den para hablar sobre el tema hasta que de verdad se deje de hablar de ello…

Advertisements

Si Susana fuera un hombre

Susana Díaz acaba de ser mamá, y se le ha ocurrido parir coincidiendo con la semana de la lactancia materna. Como yo el tres de agosto casi siempre termino dedicándolo a estos temas, estuve pensando en todo lo que he leído en prensa, que ha sido poco porque estoy de vacaciones. Y me he quedado con la frase que abre la cabecera y que he sacado de un estupendo artículo que hace mención a que si Susana fuera un hombre, no nos hubiéramos enterado siquiera de su maternidad, como ha ocurrido con tantos y tantos políticos varones del panorama nacional.

El artículo me parece justo y meritorio, si partes del punto de vista de que somos todos iguales. Pero el caso es que Susana no es un hombre y si escribo estas líneas es porque yo tampoco lo soy. Y mientras no perfeccionemos el tema ese de la Franken-carne y otros adelantos biológicos que nos llegarán en el futuro, Susana, Carmen, Soraya y las que vendrán después de ellas, tendrán que discutir su baja laboral porque solamente ellas pueden parir, no pueden poner la semillita y largarse de todo lo que les viene en aras de una ambición desmedida por trepar. Ellas van a tener que soportar durante nueve meses la carga biológica que supone multiplicar una célula solitaria hasta crear un ser de unos tres kilos de peso en media. Y aunque ahora existan alternativas a la alimentación por leche materna, no dejan de ser sucedáneos de lo real y de lo que tendría que ser lo normal, que es la lactancia materna que estamos promocionando en esta semana.

Si es el primer escrito mío que cae en tus manos, igual te están dando ganas de clasificarme como fundamentalista talibana de la teta y apagar el ordenador o la tablet desde la que estés leyendo. Pero las que llevan un tiempo siguiéndome saben que hay un pero. Somos biológicamente muy distintos y tenemos que asumirlo e integrarlo en nuestros usos y costumbres si de verdad queremos sobrevivir como especie. Porque las mujeres somos las que podemos parir y dar el pecho pero eso no está reñido con la cantidad de inquietudes intelectuales, sociales y de mando que tenemos y a las que hoy en día podemos acceder gracias al cambio en la sociedad que nos rodea. No sólo eso, hay muchos hombres que hoy en día quieren ejercer de padres de sus hijos, no sólo de Cromagñones que salen a cazar al campo y vuelven de tanto en tanto para alimentar a la prole y volver a preñar a la hembra. El problema es que cambiamos la estructura social, cambiamos las promesas, pero llegó un momento en que en España se detuvo el cambio antes de llegar a la cima: horas de trabajo que no sirven para aumentar la productividad, horarios imposibles e intempestivos que vienen de otras épocas en que no había más remedio que realizarlos y esa mentalidad ofuscada de que sólo es buen trabajador aquel que no levanta la cabeza, ni el culo del lugar que tiene asignado en su oficina.

Después de mi periplo europeo, cada vez tengo más claro que trabajar mucho no está proporcionalmente relacionado con las horas en que calientas el banco o figuras en la empresa. Y que el mejor jef@ y directiv@ no es aquel que se tiene que desplazar a la oficina recién parida/con la mujer en la sala de recuperación para figurar, sino aquel que se puede permitir tomarse una baja de unos días y un bajón en el ritmo de su trabajo unos meses sin que se resienta demasiado el ritmo de su departamento. Entiendo que un autónomo o una empresa de menos de diez personas no pueda perder a su cabeza pensante por un tiempo tan grande (aunque también creo que hay soluciones creativas a aplicar en ese tipo de casos para lograr conciliar la vida familiar y laboral). Pero en cualquier estructura de más de diez personas, se puede suplir con un poco de buena voluntad por las dos partes esa baja sin problemas. El mejor favor que nos podrían hacer a todos es igualar la baja laboral por paternidad de hombres y mujeres en este país: poner un mínimo remunerado y lógico para los dos padres que beneficie a los bebés, que al fin y al cabo son los protagonistas de este momento. Y luego un sistema que permita tomarse el tiempo necesario, aunque sea de forma no remunerada a cualquiera de los dos padres sin sufrir hándicaps laborales en ese proceso. Así se conseguiría matar dos pájaros de un tiro. ¿Utopía? Dejemos de mirar en el caso Susana Díaz a los políticos varones de este país como ejemplo a seguir y miren por favor para fuera. Si el presidente del gobierno británico pudo permitirse una baja laboral por paternidad, creo que no es utópico pensar que cualquiera puede tomarla.

La semana de mama: Mamá necesita un respiro

SB: ¿Estás segura de que está dormida y no va a pillarnos?

SG: Que sí, pesado, que sí… Se ha ido a la cama después de tomarse un par de copas de vino con los vecinos, así que no creo que vayamos a saber de ella hasta mañana temprano.

SB: Pobrecita, es que le falta la costumbre.

SG: Déjala, es sano eso de que no tenga costumbre de beber.

SB: Además necesita un descanso.

SG: Sí, porque llevamos unas semanitas que no contamos nada porque no le vemos el pelo…

Hoteles

De hotel en hotel, sin pausa…

 

SB: Se pasa los días sin parar de cliente en cliente y la pobre tiene mala cara cuando vuelve a casa los fines de semana.

SG: Nos consolamos pensando que muy pronto va a empezar la semana reducida.

SB: Y entonces tendremos más tiempo para estar todos juntos.

SG: Y podremos ir a hoteles juntos, en lugar de estar ella siempre solita…

SB: A mí no me gusta ir a hoteles. Cuando salimos toca siempre hacer cosas aburridas como ver ciudades, o hacer marchas kilométricas…

SG: Sobrevivirás.

SB: No lo tengo muy claro. Mamá normalmente siempre tiene ciertas ideas en la cabeza que no sé, no sé…

SG: Va a ser genial, podemos escribir juntos a menudo…

SB: A mí escribir no me mola, pero a lo mejor puede montar LEGO conmigo…

SG: Bueno, creo que lo iremos solucionando poco a poco, lo que sé también es que quiere tener más tiempo para poner cosas en el blog.

SB: ¡Oh, no! Más excursiones, si yo lo que quiero es más tiempo para jugar al ordenador…

SG: Uf, no creo que nuestra madre vaya a estar de acuerdo con eso…

SB: Pero si en realidad necesita un descanso, nada mejor que dejarnos tiempo a nosotros solos, ¿no?… Con un poco de suerte pasa como hoy, al final vamos a pedirle por todos los lados exactamente lo mismo así que llegará agotada, se dormirá…

SG: … y tendremos de nuevo el ordenador para nosotros solos…

Conciliación y otras utopías posibles…

Si me comparo con un ama de casa de los años cuarenta, como fueron mis Superabuelas, o con una de los años setenta, como lo han sido Superabuela y Supergüeli, creo que es justo empezar destacando que hemos ganado muchas cosas en los últimos años:

Quino_1

  • el derecho a una educación que no depende de una X o una Y en el cromosoma que ganó la carrera hace algunos años,
  • unas mejoras técnicas y económicas que nos permiten dedicar un tiempo marginal a cosas que antigüamente se llevaban la mañana entera (en algún campamento de verano he tenido que hacer como excepción la colada en el río y creedme que es un auténtico horror),
  • un reparto del trabajo y de las responsabilidades más justo dentro del hogar, o al menos la visión de que ese es el camino justo y correcto a seguir…

 

Pero creo que todos estos cambios, que por una parte han posibilitado que los dos miembros de la pareja se incorporen al mercado laboral, se han dado a una velocidad tan rápida que no hemos sabido reaccionar a tiempo y crear las estructuras adecuadas para las personas que los viven. Vuelvo a acudir aquí a un dicho africano que me habéis escuchado utilizar muchas veces: “se necesita a una aldea entera para educar a un niño”. En este caso hemos pasado de la aldea local a la aldea global. Y como decía el gran Quino hace tantos años casi como los que tengo, poniendo las palabras en boca de la grandísima Mafalda: “hemos roto las estructuras y ahora no sabemos que hacer con los pedazos”.

Quino_2_2

 

Porque este es el gran problema de la famosa “conciliación”. Y aunque muchos no se lo crean, no es un problema únicamente de padres y madres. Esta es una perspectiva que me vino al salir de España, antes ni me había planteado que podía haber vida más allá de las once horas de trabajo y camino a la oficina: ahora mismo vivo en un país donde por ley, cualquier trabajador puede pedir una reducción de jornada conque se cumplan unas determinadas condiciones. Y es lo que debería de ser justo: el que tiene hijos, se ocupa en este tiempo de ellos, el que no, puede dedicarse a desarrollar proyectos paralelos.

 

Pero lo que ocurre es que en un país que ya de por sí es poco conciliador como España (tenemos uno de los horarios de trabajo más desquiciados de todos los países en que existe y se respeta el derecho laboral) el problema se te hace más patente en el momento en que te vuelves padre o madre. A otros proyectos personales digamos que se puede renunciar. Pero cuando un bebé llora, todo el que tiene oídos sabe que se para el mundo. Y los hijos te necesitan, te necesitan en el primer periodo de su vida físicamente allí. Y doy fe de que te siguen necesitando cuando son un poco más mayores y aunque no se ponen enfermos cada dos por tres: tienen problemas en la escuela, necesidad de hablar contigo, necesidad de que les controles los deberes. La conciliación no acaba cuando tus hijos cumplen ocho años, son más independientes pero tienen también otros problemas para los que es necesario que sus padres estén cerca, tomándole el pulso a la situación.

 

¿Pero de verdad se puede conciliar? Definitivamente sí, pero repito que es un trabajo de aldea, de reconocer esa necesidad al tiempo libre de los demás. Yo he tenido el gustazo de trabajar en empresas que intentaban facilitar la vida del trabajador en todo lo posible, ofreciendo jornadas partidas, mecanismos para que los trabajadores se sustituyan entre ellos en las emergencias, reuniones importantes en los momentos centrales de la jornada, guardería concertada con la empresa… Es un gustazo, pero repito que es también una decisión conjunta de política de empresa. La compañera que hacía mis sustituciones sabía que en cualquier momento con dos críos por debajo de los tres años, yo no me iba a presentar, o iba a tener que hacer “jornada rara” en el trabajo para compaginarla con SM. No problem. Yo sabía que a ella le gustaba salir los viernes un poco antes e irse con el novio de kikiplan y que en ese momento me tocaban sus responsabilidades. Trabajamos dos años juntas en este plan, sin una mala cara, sin un: “ya me tengo que hacer yo cargo de lo de ésta porque tiene niños”.

 

SM también trabaja para una de estas empresas y acaba de pedirse una reducción de jornada porque tenemos que estar pendientes de SB. No sólamente no le han penalizado por ello sino que le han ofrecido un ascenso dos días después. La empresa no es ninguna ONG, ganan dinero con esta política y además tienen una fidelización de los trabajadores tremenda. Así que se puede. Y de esta manera todos salimos ganando.