La semana de mama: Mamás que corren

SB: Llevamos mucho tiempo sin pulular por aquí, pero es que nuestros padres llevan una temporada en medio de una vorágine física y mental…

SG: Vamos, que no sueltan el ordenador entre los dos ni para ir al baño.

SB: Porque cuando uno está en medio de una carrera, el otro está ahí, dale que te pego escuchando charlas que les da un señor sobre temas que parecen muy serios.

SG: Claro que mamá dice que no es verdad que se pasen todo el día, que mientras nosotros estamos jugando no nos damos cuenta de que ellos están trabajando en la oficina o en la casa.

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Crédito a la página indicada en la foto

SB: Bueno, la gran noticia es que mamá ha terminado su primera carrera oficial de 5 km…

SG: En realidad tú no lo recuerdas, pero es la segunda… de la primera dice que no quiere acordarse.

SB: ¿Aquella que corría con Supertita? ¿La que llegó la última veinte minutos después de los demás?

SG: Esa misma…

SB: Jajaja, sí que me acuerdo. Fue muy divertido, con Supergüeli diciendo que por qué narices no se retiraba y nos dejaba a todos ir tranquilos a tomar un café al bar…

SG: Pero sabes que mamá cuando empieza algo lo termina, aunque sea veinte años después.

SB: Eso es cierto, mamá no se rinde.

SG: Esta vez además ha llegado en la mitad justa del pelotón.

SB: Y está muy contenta porque dice que:

“yo era de las que suspendía gimnasia en el colegio, no me puedo creer que aguante corriendo tanto tiempo”

SG: Pero comenta que poco a poco se le ha ido pegando el gusanillo y que en realidad, la barrera entre correr diez minutos y correr veinte está más en la cabeza que en los músculos y que la mayoría de la gente puede llegar a correr esos 5 kilómetros simplemente entrenando un poquito regularmente.

SB: Lo que diferencia es la mentalidad.

SG: Bueno, también dice que el ambiente en la carrera es una maravilla, que casi que el mismo apoyo y la gente te animan a seguir un poco más…

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Foto tomada de la página web de la Mercedes-Benz Frauenlauf en Dresden

SB: Y como mamá no sabe hacer nada si no es por una buena causa, por supuesto, corre siempre con un dorsal solidario de unoentrecienmil.

SG: En realidad los dorsales los compramos hace algunos años, pero siempre sospeché que para lo máximo que los íbamos a usar era para ir corriendo detrás del autobús en la parada.

SB: Pero al final mira, la vida está llena de sorpresas.

1940

SG: Y seguimos corriendo. Y seguimos en cambio. A mamá le quedan menos de quince días para cambiar de trabajo, pero la están mareando de un lado a otro. Y tienen también planeado celebrar su aniversario fuera.

SB: Eso que ganamos, que gracias a ello podemos acceder estos dos días al ordenador…

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¡Qué suerte ser así!

¡Qué suerte pensar que eres el heredero de una especie de tierra prometida!

Poder pensar que tienes lo que te mereces, que un hogar seguro no es un privilegio sino tu derecho por nacimiento…

… que los problemas del mundo no te tocan, no te rozan, porque tú, cómodo en tu poltrona, te mereces estar ahí.

Y son los demás, los otros, los que tienen que vivir con menos de un euro al día, o menos de dos, los que tienen el problema. Pero que te dejen en paz a tí, hombre, que tú no tienes la culpa de nada…

¡Qué suerte no ver los problemas del mundo hasta que no llaman a tu puerta!

Y cuando llaman enfadarte con los que no se resignan a morir en donde les toca, qué personas tan molestas.

Qué avaros, qué mezquinos, venir aquí con los problemas que tenemos, con la que está cayendo… Quieren las migajas de nuestro grande y jugoso trozo de pastel… Bueno vale, igual ya no es trozo de pastel, que en los últimos años tenemos solamente una magdalena. Pero, ¿qué se han creído, caray, venir huyendo de una guerra atroz en que lo han perdido todo y pretender que les pongamos de gratis un techo, algo de comida y una cobertura básica hasta que puedan levantar un poco cabeza? ¡Con lo que eso cuesta! Es mejor seguir como hasta ahora y gastarse ese dinero en mordidas y mamandurrias varias: cada palo que aguante con su vela.

¡Qué suerte pensar que son los otros los que tienen que hacer algo!

Porque tú lo tienes tan claro, que no es problema tuyo, que la injusticia social a nivel mundial no la has inventado tú (solamente vas montado en ella). Y eso ayuda a que te laves las manos, no puedes hacer nada al respecto…

Es más, es el que lo ve como un problema global el que “tiene que abrir sus puertas a esos millones y millones de refugiados” (o “mientras no tengas tú uno en casa, no puedes hablar”: dando merecida cuenta de tu ignorancia sobre el problema, ya que en España al menos no hacemos ni la mitad de lo que podríamos hacer y estas personas necesitan una infraestructura determinada y un apoyo profesional cuando viene…).

Datos

Reproducida de The Economist

Lo mejor de todo es que después de estas conversaciones, la que se queda pensando como una gilip… si podría hacer más de lo que hago suelo ser yo, porque tú, tú tienes la suerte de tenerlo clarísimo: la ignorancia y la estupidez son alguna de las bases de una felicidad duradera.

¡Qué suerte que tu mayor preocupación sea que la prensa no emita imágenes que “alteren tu paz espiritual”!

Y que no cierres los ojos y veas en el rostro de ese niño tendido en la arena el rostro de los tuyos propios…

… sabiendo el tipo de situación desesperada que te llevaría a jugar su vida a la ruleta rusa y agradeciendo por dentro una y mil veces que de momento te salvas.

¡Qué suerte pensar que nunca, nunca, te va a tocar a tí!

Y sí, soy una “buenista” que he vuelto a quitar la palabra de la boca a “los míos” para dárselo a quien creo que lo necesita más en este momento. En Octubre os prometo que sale el post sobre conciliación que tengo preparado, pero hoy no me podía quedar callada… No, no creo tener la verdad absoluta, ni tengo la solución a todos los problemas. Pero al menos tengo la decencia de reconocer que esto es una olla a presión y que no podemos esperar a que pete y nos abrasemos para plantearnoslo…