Conciliación y otras utopías posibles…

Si me comparo con un ama de casa de los años cuarenta, como fueron mis Superabuelas, o con una de los años setenta, como lo han sido Superabuela y Supergüeli, creo que es justo empezar destacando que hemos ganado muchas cosas en los últimos años:

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  • el derecho a una educación que no depende de una X o una Y en el cromosoma que ganó la carrera hace algunos años,
  • unas mejoras técnicas y económicas que nos permiten dedicar un tiempo marginal a cosas que antigüamente se llevaban la mañana entera (en algún campamento de verano he tenido que hacer como excepción la colada en el río y creedme que es un auténtico horror),
  • un reparto del trabajo y de las responsabilidades más justo dentro del hogar, o al menos la visión de que ese es el camino justo y correcto a seguir…

 

Pero creo que todos estos cambios, que por una parte han posibilitado que los dos miembros de la pareja se incorporen al mercado laboral, se han dado a una velocidad tan rápida que no hemos sabido reaccionar a tiempo y crear las estructuras adecuadas para las personas que los viven. Vuelvo a acudir aquí a un dicho africano que me habéis escuchado utilizar muchas veces: “se necesita a una aldea entera para educar a un niño”. En este caso hemos pasado de la aldea local a la aldea global. Y como decía el gran Quino hace tantos años casi como los que tengo, poniendo las palabras en boca de la grandísima Mafalda: “hemos roto las estructuras y ahora no sabemos que hacer con los pedazos”.

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Porque este es el gran problema de la famosa “conciliación”. Y aunque muchos no se lo crean, no es un problema únicamente de padres y madres. Esta es una perspectiva que me vino al salir de España, antes ni me había planteado que podía haber vida más allá de las once horas de trabajo y camino a la oficina: ahora mismo vivo en un país donde por ley, cualquier trabajador puede pedir una reducción de jornada conque se cumplan unas determinadas condiciones. Y es lo que debería de ser justo: el que tiene hijos, se ocupa en este tiempo de ellos, el que no, puede dedicarse a desarrollar proyectos paralelos.

 

Pero lo que ocurre es que en un país que ya de por sí es poco conciliador como España (tenemos uno de los horarios de trabajo más desquiciados de todos los países en que existe y se respeta el derecho laboral) el problema se te hace más patente en el momento en que te vuelves padre o madre. A otros proyectos personales digamos que se puede renunciar. Pero cuando un bebé llora, todo el que tiene oídos sabe que se para el mundo. Y los hijos te necesitan, te necesitan en el primer periodo de su vida físicamente allí. Y doy fe de que te siguen necesitando cuando son un poco más mayores y aunque no se ponen enfermos cada dos por tres: tienen problemas en la escuela, necesidad de hablar contigo, necesidad de que les controles los deberes. La conciliación no acaba cuando tus hijos cumplen ocho años, son más independientes pero tienen también otros problemas para los que es necesario que sus padres estén cerca, tomándole el pulso a la situación.

 

¿Pero de verdad se puede conciliar? Definitivamente sí, pero repito que es un trabajo de aldea, de reconocer esa necesidad al tiempo libre de los demás. Yo he tenido el gustazo de trabajar en empresas que intentaban facilitar la vida del trabajador en todo lo posible, ofreciendo jornadas partidas, mecanismos para que los trabajadores se sustituyan entre ellos en las emergencias, reuniones importantes en los momentos centrales de la jornada, guardería concertada con la empresa… Es un gustazo, pero repito que es también una decisión conjunta de política de empresa. La compañera que hacía mis sustituciones sabía que en cualquier momento con dos críos por debajo de los tres años, yo no me iba a presentar, o iba a tener que hacer “jornada rara” en el trabajo para compaginarla con SM. No problem. Yo sabía que a ella le gustaba salir los viernes un poco antes e irse con el novio de kikiplan y que en ese momento me tocaban sus responsabilidades. Trabajamos dos años juntas en este plan, sin una mala cara, sin un: “ya me tengo que hacer yo cargo de lo de ésta porque tiene niños”.

 

SM también trabaja para una de estas empresas y acaba de pedirse una reducción de jornada porque tenemos que estar pendientes de SB. No sólamente no le han penalizado por ello sino que le han ofrecido un ascenso dos días después. La empresa no es ninguna ONG, ganan dinero con esta política y además tienen una fidelización de los trabajadores tremenda. Así que se puede. Y de esta manera todos salimos ganando.

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